Hospital: Una noche en el Hospital

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Enviado por webmaster el 04 Nov, 2004 - 02:33 PM

La verdad es que no recuerdo mucho del accidente Iba conduciendo el deportivo al límite de velocidad por una curva muy cerrada, y lo siguiente que supe fue que las ruedas patinaban sobre el firme mojado por la fuerte lluvia, y que el coche iba directo hacia un árbol. Lo último que hice antes de chocar fue poner los brazos delante de la cara y gritar:

!MAMÁ¡¡¡
Cuando me desperté en el hospital ya era de noche. Estaba en una limpia blanca cama en una habitaciónaséptica, y tenía los dos brazos enyesados y docenas de cortes y moretones por todo el cuerno.
Aunque reconozco que en lo primero que me fijé fue en la enfermera. Parecía ha protagonista de un sueño húmedo, con uniforme blanco, y enseguida pensé que merecía ha pena haberse dado aquel golpe de miedo, para estar cerca de ella, sobre todo cuando se inclinó para ponerme el termómetro en la boca y sus senos generosos intentaron escaparse de su entreabierta blusa de uniforme. Aquellos dos milagros médicos estaban a unos centímetros de mi cara, y me hipnotizaron hasta el punto que ella me preguntó si me encontraba bien, supongo que por mi cara de estupidez del momento.
Con el termómetro en la boca, todo lo que podía hacer era gruñir sin demasiado sentido. Ella me dijo que aguantara el tubo de vidrio en ha boca un minuto, y aprovechó para dar una vuelta por la habitación, comprobando que todo estuviera en orden, lo que me permitió contemplarla mejor. Era alta y esbelta, con un culo que yo calificaría de perfecto: un diez sin duda. Y sus piernas eran tan hermosas que ni las medias blancas y los clásicos zuecos de hospital podían ocultarlo. Todo lo que podía pensar era cómo las sentiría rodeando mi ahora dolorida cabeza, vestidas con medias negras de costura y zapatos de tacón alto.
Fue sólo entonces, cuando la seguía con la vista, cuando reparé en que aquella no era una habitación individual y descubrí el tipo de ha cama de al hado. No tenía tan mal aspecto como yo. Me pregunté que qué era lo que le pasaría a él, pero no pude preguntárseho, porque estaba profundamente dormido.
Cuando la enfermera se me acercó, con sus maravillosas tetas por delante, lo sentí por el otro hospitalizado, dada la vista que se estaba perdiendo. La pin-up enfermera vino derecha hacia mí, tomó el termómetro de mis labios, lo miró y me dijo que todo estaba bien.
Su cuerpo de estrella del pomo había despertado mi lujuria, pero cuando vi de cerca aquel agraciado rostro y aquellos compasivos ojos, y disfruté de su cálida sonrisa, me enamoré de toda ella. Y, cuando me acarició la mejilla en un gesto de afecto, que iba más allá del simple deber de enfermera, me pude dar cuenta que mi polla no había quedado afectada por el accidente. ... porque empezó a subir como el mercurio del termómetro que poco antes había tenido.................
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