Desperté de un profundo sueño. Todo era obscuridad No podía pensar correctamente, sentía un profundo dolor de cabeza, aunque en realidad todo el cuerpo me dolía. Recordé lo que había sucedido cuando sentí el penetrante olor a excremento de los caballos que había en la bodega. Inmediatamente vinieron las imagenes a mi mente, recordé lo que había pasado, aún sentía malestar en mi trasero. Recordé aterrorizado que Romina también había sido violada. Traté de hablar, pero los nervios, la desesperación, el miedo no me dejaban.
No tenía idea de cuanto tiempo había estado ahí. No sabía si era de noche o de día. Si estaba solo o acompañado. Lo único que sabía era que estaba ahí, tirado, rodeado de animales, sin poderme mover o hablar. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Romina estaba bien? ¿Dónde estaba? ¿Habrían localizado a mis padres? ¿Estarían negociando mi libertad?
Por un momento pensé en que mi padre se negaría a pagar la suma que le exigieran, alegando que estaba bien que me pasara, que era un castigo para mi por ser tan tonto. Mi padre es así, cree que todo lo que hago está mal. Pero decidi quitar todas esas ideas de mi mente. Tendría que calmarme si quería sobrevivir. Decidí descansar un poco, tratar de pensar las cosas con calma, solo así nos salvaríamos.
Después de un buen rato de estar así, se abrió la puerta, la luz que entró a la bodega hizo que los ojos me ardieran, si antes no veía nada en la obscuridad ahora la luz era la que me impedía ver. Era uno de ellos. Sentí sus pasos venir hacia mi, cada paso que él daba hacía que mi corazón se acelerara más. Estaba seguro que venía por mi para llevarme a casa, que todo se había arreglado, mi padre había pagado la suma y asunto resuelto.
De repente se detuvo, hizo unos movimientos extraños y empezó a arrastrar algo. Mis ojos se empezaban a acostumbrar a la luz, pude ver borrosamente que se trataba del hombre alto y fornido que jalaba del brazo a Romina. Ella estaba totalmente desnuda, su cuerpo se veía pálido, de por si ella era muy blanca, pero ahora se veía mucho más Estaba totalmente inconsciente. Pensé que estaba muerta. ¡La habían matado! ¡Hijos de su puta madre! Mis ojos se llenaron de lagrimas. No podía controlar la rabia.
Me volví a quedar dormido, después supe que habían pasado quince días en los que había estado practicamente como vegetal, sin comer, sin hablar, sin moverme. Cuando desperté seguía en la bodega y en la obscuridad. Creía que Romina estaba muerta y estaba seguro que si no hacía algo me matarían a mi también. Decidí mantenerme despierto y alerta. Tenía que escapar de ahí a cómo diera lugar.
Después de varios intentos conseguí pararme, me moría de sed y hambre. Usando mis manos fui guiandome en la obscuridad. Localice el bebedero de los caballos y tomé agua hasta saciarme. Los.................
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