Una mujer insatisfecha es como un arma de doble filo,satira politica
Esto es una sátira política, lo que significa que esta historia es completamente ficticia, por lo menos me la he inventado. ¿Por qué escribir algo cuyos protagonistas son políticos actuales? Pues por que el poder es tan atractivo, quien no se ha sentido atraído por su jefe o su jefa, por un dictador, un genocida, un alcalde, un presidente de gobierno. Hasta Hitler tuvo a su amante Eva. Aún recuerdo esa anécdota que me contó mi bisabuela, que estuvo casada con un policía republicano, ella me dijo que Franco, nuestro paquito, le parecía un hombre de lo más atractivo. ¡Por Dios!
Con esto dejo claro que esta historia es ficticia y que no comparto las ideas políticas de muchos de ellos, estas me las reservo para mí, aunque no dudare en decir que me considero una persona liberal y que me atraen poderosamente las propuestas sociales.
Una mujer insatisfecha es como un arma de doble filo, o la satisfaces o no sabes que es capaz de hacer. Una mujer insatisfecha puede arruinar la vida social de su novio, su amante o su esposo, una mujer insatisfecha puede prenderle fuego a la casa o destrozar toda la ropa de su gallito.
Una mujer insatisfecha puede despedirse de su chofer y entrar en casa, puede ir a su habitación y cambiarse de ropa, ya no esta en el trabajo y puede vestir de manera más cómoda, una mujer insatisfecha que se encuentre en casa y vestida cómodamente puede buscar a sus hijos para hablar o para cualquier cosa, pero al no encontrarlos se cuelga de la televisión viendo programas del corazón, de esos que encuentras a cualquier hora del día en cualquier canal, puede sentirse mal y pedir a la cocinera que cocine algo para matar el hambre y tal vez intenta olvidar algunos de sus problemas, probablemente coma algo con mucho chocolate, tal vez algo que lleve coco, o algo con plátano. Mirara ese plátano y sus motitas, en un primer momento esas motitas le recordaran a sus pezones, esos que hace tiempo nadie acaricia menos ella, los cuales se ponían duros con un lametón pero ya hace falta algo más para endurecerlos, hielo, un mordisco, tres minutos acariciándolos con las uñas postizas, un lastimoso intento de llegar a ellos con su propia lengua. Al cabo de un instante se dará cuenta por fin de que le plátano le recuerda a un pene, a una enorme verga erguida, como las que ya no ve, como esas que acariciaba a la orilla de la playa cuando todavía tenía ganas de vivir, cuando era joven y todavía no habían aparecido esas patas de gallo que ahora tanto le pesan, esas motitas negras tan típicas de las islas canarias le recuerdan ahora a las venas que rodean cualquier badajo de esas proporciones, como le gustaba a ella lamer suavemente con la punta de la lengua esas venas, desde.................
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