Beso: Beso negro sucio
relatos / Relatos Sado
Enviado por webmaster el 02 Nov, 2004 - 05:03 PM
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Cuando leí aquel anuncio en la prensa, me llamó realmente la atención: “Viciosa del beso negro sucio. Masaje bocoanal profundo.” Solo con leerlo ya senti una una especial excitación. Quizá porque desde siempre me han gustado las situaciones “fuertes”. La verdad es que mi vida matrimonial no es precisamente una maravilla. Mi mujer es una maniática de la limpieza corporal. No hay vez que vayamos a hacer el amor que no me pida que me duche antes, que me limpie muy bien el miembro, que me lave los dientes...¡Es insoportable! La sola idea de hacerlo sin pasar antes por el agua y el jabón, ya me exicita. Cuanto más, la posibilidad de que alguien me coma el culo...esté como esté.
Así que me armé de valor y llamé. La cita fué para la tarde de un sábado, en un elegante piso de una de las mejores zonas residenciales de la ciudad. La chica rubia que me abrió la puerta se presentó como ayudante de Selene (que así se hacía llamar la mujer del anuncio). Iba vestida con unas bragas blancas y sin sujetador, lo cual me pareció hasta normal. Fué cuando la chica me pidió amablemente que la siguiera, cuando me dí cuenta de que las bragas estaban completamente sucias de mierda por detras. Sentí una sensación repentina de asco, pero el morbo me dió fuerzas para continuar. Al fin y al cabo yo era el cliente. Yo era el que pagaba, y nadie me obligaría a nada que yo no quisiera hacer. De hecho, podría marcharme en ese momento si me viniera en gana. Entretenido en esos pensamientos llegamos hasta el final de un pasillo oscuro y entramos en una especie de gabinete. La chica me dijo que entrara y que tomara asiento. Luego me dió un beso en los labios y al volverse se puso en cunclillas y dejó escapar una sonora ventosidad. Me miró sonriente y desapareció tras unas cortinas. -Disculpe a mi aprendiz, señor. Su atrevimiento no tiene fin.
La que así habló fué la tal Selene. Alta y preciosa mulata de piernas perfectas. Se acercó a mi y me besó en los labios suavemente. En realidad no me gustó que lo hiciera. Por unos instantes pensé en que yo era un cliente más...y dada su especialidad, la boca de aquella mujer no era precisamente lo que más me apetecía besar.
Hablamos durante unos minutos, mientras nos tomamos unas copas. El alcohol me dió valor para confesar a aquella desconocida las manías de mi mujer. -Entiendo. - dijo finalmente.- Entonces debo suponer que antes de venir aquí usted se ha duchado y aseado sus partes íntimas.-
-Claro.- respondí, como algo natural.
Y entonces ella derramó sobre mi cara el resto de bebida que aún quedaba en su copa. Sorprendido, busqué algo con lo que poder limpiarme. Ella abrió un pequeño cajón y sacó una prenda. Casi con indignación se la quité de las manos y.................
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