sado: Mi Primera Novia Oficial

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Enviado por webmaster el 07 Ene, 2005 - 06:24 AM

Terminados mis estudios de aquel año, decidí no salir de vacaciones con mis padres y quedarme solo en casa. Tenía diecisiete años y no me apetecía nada pasar todo el verano con el aburrimiento rutinario de la playa, sin mis amigos.

Por esta razón, y para sacarme algún dinero, acepté trabajar durante el mes de agosto, supliendo al conserje de unas viviendas,
que a su vez era el padre de uno de estos amigos míos.

El trabajo en sí no implicaba la menor complicación y resultaba
ser francamente atractivo. Debía encargarme de los jardines, de los
contenedores de basura, y de poco más. De la limpieza de los cinco portales,
se encargaban unas señoras que estaban contratadas aparte. Además,
el sueldo que iba a ganar era francamente importante, pues fueron sesenta mil
pesetas de las de hace veinticinco años.

A las mujeres que vivían allí, la idea les encantó. No
así a sus maridos. Yo era un joven francamente atractivo, a juzgar por
los comentarios que escuché en muchas ocasiones de boca de aquellas
mujeres. Con esa edad, ya medía un metro y ochenta y dos centímetros,
pesaba unos ochenta kilos y practicaba mucho deporte que, sin ser de alta competición,
mantenía mi cuerpo en perfecta forma física; supongo que por
estas razones, se produjeron aquellos enfrentamientos entre matrimonios.

Pero se dio la circunstancia de que una joven andaluza, de la misma edad que
yo, se vino a vivir al piso de su hermano, durante el verano, para cuidar
de su sobrino, que tenía unos cinco o seis años. Enseguida
entablamos amistad y se pasaba las horas conmigo mientras su sobrinito jugaba
en la calle. Aquella circunstancia hizo que comenzáramos a salir juntos,
convirtiéndose en mi primera novia oficial.

Era natural de Huelva y aunque llevaba muchos años en Madrid, todavía
conservaba ese acento tan gracioso. Su rostro se parecía mucho al de
la actriz italiana Sofía Loren, medía como un metro y setenta
centímetros, su piel era morena, casi como las mulatas, con las piernas
largas muy bien contoneadas que finalizaban en unos pies prácticamente
perfectos. Sus pechos eran redonditos, de tamaño medio, levantados y
firmes. Su cabello largo, ondulado y negro como el carbón.
Cuando caminaba, parecía que lo hacía bailando, con una gracia
y un salero especiales, típicos de las mujeres andaluzas, enviando las
nalgas hacia uno y otro lado, según daba cada paso, con un culito empinado
y ligeramente sobresaliente. Los labios eran suavemente carnosos y sus ojos,
marrón oscuro, de una mirada penetrante,.................
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