LAberinto: El laberinto II

relatos / Relatos de maduras
Enviado por webmaster el 02 Nov, 2004 - 04:19 PM

Efectivamente fuí a su casa al día siguiente a la hora de la siesta. El menaje de la casa era todavía mas modesto de lo que yo me figuraba. Todo lo que allí había era digno de cualquier almoneda pobre del rastro.


Salió Teresa a abrirme la puerta. Llevaba una blusa blanca y una falda negra y medias color de humo en sus gruesas piernas. Con su moño a la nuca estaba muy bien dentro de lo que ella era: una jamona pasada de años. Me tendió la mano tímidamente, yo tiré de ella y le dí un beso afectuoso en la mejilla. Pasamos al cuarto de estar.
Lola estaba allí, de pié con una mano apoyada en la camilla. En su cara tan blanca, ya he dicho que muy linda para su edad había grandes ojeras moradas.
¿Que tal, Lola? - pregunté.
¡Ay! Mal. Estoy mal
Iba vestida exactamente igual que su hermana, pero pronto ví que ni podía estar de pié ni mucho menos sentada. Cariñosamente le dije "No es nada Lola. Tu no tienes la corpulencia de Teresa. Tu eres muy estrechita, pero ya verás como mañana estas bien.
¡Ay! ¡No se, no se! ¡A lo mejor para esto no sirvo…!
¿Como que no Lola? Yo las he conocido mas estrechas que tu. ¿Y las niñas que hacen el amor…?
No se, no se. ¿Si no sirvo le bastará con Teresa?
No. Tienes que servir tambien tu. Te lo digo cariñosamente y con conocimiento de causa. Y vas a ver como te voy a tratar.
Pero aquel día me quedé solo con Teresa, ella realmente no podía. Primero me llevaron a una habitación donde había una cama de hierro bastante grande, pero era tan ruidosa que no servía para lo que yo quería. Me llevaron por toda la casa. "Aquí solo hay una cama de madera, que es la que tiene Mama y otra que es como esta pero mas estrecha" Fuimos a ver la cama de su Mama y a su Mama en ella.
La señora estaba muy arregladita con su pelo blanco cogido cuidadosamente en un moñete sobre la cabeza y una especie de peinador sobre los hombros. Era tremendamente gorda, con la arrugada cara sumida en una ancha papada, una enorme pechuga desparramada y bultos bajo las sábanas que hacían adivinar grandes masas de carne. No volvió la cabeza, ni movió los ojos, ni pareció enterarse de nada.
La acariciaron sin obtener señal de respuesta alguna. "Es muy mayor ¿sabe?
¡Pobre chatita! La llamamos chatita ¿sabe? porque lo es. Aun tiene buena salud aunque tiene ciento dos años, pero, claro, casi nuca se entera de nada.y no la levantamos de la cama por eso. Bueno por eso y porque apenas la podemos manejar y tenemos miedo a que se nos caiga.
Les dije que compraría una cama a mi gusto y que se la llevarían para instalarla donde estaba la de hierro. Cojí por la cintura a Teresa que se.................
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