Conocí a Yola hace mucho tiempo. Era una eficiente directiva de una institución alemana en España y en ella había alcanzado muy altos puestos.
Yola era viuda y probablemente vino a España con sus dos hijos para alejarse de sus trágicos recuerdos y porque su ciudad, Koenisberg, en Prusia Oriental había quedado en poder de los rusos. Se amoldo a nuestra tierra mejor que sus chicos, quienes acabaron por casarse con muchachas alemanas e irse con ellas a su país. Ella no quiso volver. Aquí tenía su trabajo y su casa y no se entendía nada bien con sus nueras.
Esta historia empieza cuando Yola se jubila, o mas bien la jubilan, de su trabajo. Tozuda como era, rechaza por completo la idea de volver a Alemania y se dispone a vivir en Madrid hasta el fín de sus días.
Yola era entonces una mujer de sesenta y tantos años, muy guapa de cara, con rostro de alemana oriental, muy rubia, pómulos altos y ojos verdes algo oblicuos. La boca sensual de buena comedora y unas orejas pequeñitas y blanquísimas que dejaba ver su peinado con moño alto.
Era muy alta, casi tanto como yo que mido uno ochenta y seis, y bastante gorda, sobre todo de caderas - ¡que gran culo! ¡El mejor que se pueda soñar! - y de piernas - ¡que jamones y que bellas, grandes, pantorrillas macizas! -, así que en proporción parecía un poco estrecha de hombros y aunque tenía buenos pechos podemos decir que su estructura era claramente piramidal, mas ancha de abajo que de arriba. Se movía con pesadez, arrastrando sus piernas, un poco mas tarde de lo que se esperaba al verla andar. Alegre se reía mucho y disfrutaba en las grandes banquetes en los que comía como tres y bebía como seis, aunque nunca le hacía efecto. Le gustaba la música y estar en casa y por ella andaba sin mas ropa que una camisola hasta las rodillas que llevaba muy desabrochada por el escote dejando ver trozos de carne muy superiores a la mejor mantequilla. Así escuchaba música de Mahler, de Alban Berg y de los clásicos alemanes. Aunque tambien le gustaba la frivolidad de Gerswin
Yo llevaba mucho tiempo haciendo maniobras de aproximacion que ella dejaba pasar campechanamente sin hacerme ningún caso. Por eso cuando un día le dije "¿Cuando vamos a cenar juntos, Yola?" y ella me contesto alegremente "¡Cuando tu quieras! Pero cada uno pagamos lo nuestro" me cogió por sorpresa. "¿Esta noche?" "No. Esta noche no. Pasado mañana." "¿Tanto tengo que esperar?" dije en broma y ella se rió "¡Ah! ¡Pero merece la pena! ¿O no?".
Quiso citarse directamente en el restaurant y así quedamos citados.
Comimos y bebimos copiosamente, como a ella le gustaba y mantuvo su pierna pegada a la mía cuando yo se la junté, aunque no me dejó que le cogiera la mano. "¿Que quieres hacer ahora?" le pregunté al levantamos. "Vamos a casa " me respondió y.................
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