Maduras: Yo Y La Casera

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Enviado por webmaster el 09 Dic, 2004 - 02:18 PM


A MI ME ENCANTABA LAS BOMBACHAS DE LA ADMINISTRADORA, ME LIMPIABA MI PENE CON LAS BOMBACHAS DE LA ADMINISTRADORA, FINALMENTE LOGRE PENETRAR ANALMENTE A LA CASERA



Hace tres años que vivo en una pensión, estoy estudiando medicina, vivo solo, de vez en cuando salgo con los amigos a tomar una cerveza, mis compañeros de Universidad tiene sus novias, pero yo no quiero compromiso así que no ando con ninguna.
La casera, de la pensión que vendría a ser la administradora, es una persona muy buena y atenta, vive con su sobrino, el cual estudia en un Instituto privado, su esposo falleció hace tres años y desde entonces se gana la vida como casera de la pensión.
Por las mañana bien temprano limpia los pasillos, su indumentaria para estos tiempos de calor es bastante liviana y en algunos casos transparente, cuando se agacha para levantar las cosas del suelo sus tetas se pueden ver con claridad, su brasier o sostén es bastante llamativo, en algunos casos se le llega hasta ver algo de la bombacha que tiene puesta, ya que sobresale un poco de la cintura del pantalón o falda.
En este lugar para que la ropa sea lavada y se seque hay que subir a la azotea o terraza, un día allí pude ver como ella lavaba la ropa y mientras yo conversaba con ella, mis ojos estaban concentrados en sus bombachas las cuales estaban colgadas en el tendedero, pude contar cuantas eran y de que color, dos eran rosadas, una amarilla, un blanca y dos negras, cuando colgó la ultima bombacha, asocie la imagen de esa mujer de 45 años de 1,65 m de altura, mas o menos de 68 kilos de peso, con una noche de pasión que yo deseaba frenéticamente.
Esa misma noche me deslice, cuando todos dormían, hasta la azotea, subí lentamente los peldaños de la escalera de madera, era las dos de la mañana de un fin de semana así que todo el mundo dormía profundamente, era como si las bombachas me llamaran por mi nombre, cuando estuve frente a ellas en el tendedero, descolgué la bombacha amarilla y empecé a masajearme el pene con la misma hasta eyacular en ella, al día siguiente estaba deseoso por saber si ella se había dado cuenta de que la bombacha estaba manchada, como no dijo nada se me hizo costumbre subir al tendedero y de vez en cuando hacer la misma tarea, así fueron pasando los días, sin ninguna novedad ni quejas.
Una noche de invierno, subí de nuevo a la azotea ya que vi que ella había colgado la bombacha que a mi me gustaba mas, así que a las dos de la mañana en punto estaba presente allí, cuando estaba en pleno frenesí con la ropa interior, sentí que alguien subía lentamente la escalera, mi miedo era enorme, en mi mano estaba la bombacha de la administradora, así que me oculte en un recoveco oscuro, vi que una sombra.................
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