Carmela

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Enviado por webmaster el 17 Sep, 2004 - 07:50 PM

Estimados amigos y amigas: tiempo atrás recibí una copia de la carta adjunta que paso a detallarles y que espero ustedes me den su opinión. Le pondremos como titulo Carmela, que así se llama la autora de la presente carta. Querida amiga mía:
Te escribo para contarte de mis vacaciones en casa de mis abuelos en el campo. Espero que me entiendas todo lo que te digo para que me des tu consejo ya que me encuentro un poco confundida.
Resulta que partimos en el auto de mi papa, que solo nos fue a dejar allá, debido a que la tenia que trabajar, y por esa razón no se podía quedar con nosotras.
El caminar sola por el campo, recorrer los parajes solitarios, era para mí muy agradable ya que podía descansar de todo lo que me había tocado estudiar. Mi hermana menor, Luciana, se quedaba en casa puesto que no le gusta caminar como a mí.
Cierta tarde, caminaba por unos parajes nuevos para mí, oía el canto de los pajarillos, el sonido del aire al pasar por las hojas de los arboles. Era en realidad delicioso sentirlo. Me senté sobre una roca y observe hacia la distancia con la mirada perdida, sin mirar a nada en particular.
Luego de estar bastante rato así, me levante y me di a subir un pequeño cerro para mirar desde allí hacia la casa de mis abuelos. Al llegar a la cima, y mirar desde allí, todo se veía tan pequeñito. Miraba de aquí para allá en fin. Solo miraba.
Me senté a la sombra de un árbol que había allí, y me puse a pensar. Sin querer me recordé que días atrás, nos habían visitado una familia amiga de mis padres y que se habían quedado a pernoctar en casa. Eran jóvenes. Ella tendría unos 19 años y el no mas de 21. Aquel día se había preparado una comida exquisita y ellos los mayores habían bebido bastante licor.
Cerca de las 24 horas, mi madre les indico la pieza donde se acostarían. Yo estaba con mi hermana en la pieza. Luciana ya dormía plácidamente. Mis padres se fueron a su dormitorio al segundo piso y todo quedo en silencio. Algo, quizás de lo que había comido me afectaba el estomago, y ello no me dejaba dormir.
Luego de alrededor de una hora, sentí ruidos en la pieza contigua. Silenciosamente me levante y me dirigí hacia el baño. Al pasar por el dormitorio del lado la puerta estaba entre abierta muy levemente, y la luz del velador estaba encendida. Me detuve y cuidadosamente mire sin hacer ruido. Lo que vi me dejo perpleja, Liza, así se llamaba, estaba chupándole el miembro a Gabriel. Estaba hincada sobre la cama y el de pie al lado. La tomaba de la cabeza y se la acercaba hacia el con bastante ahínco. Él echaba la cabeza hacia atrás y gemía suavemente.
Ella movía su cabeza hacia atrás y hacia delante. De pronto el miembro.................
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