Alejandra entró en la casa de sus padres de madrugada y triste. Estaba casada, pero nadie comprendía su historia. Solamente roger, un perro seter de color canela, le daba afectividad. La oyó entrar, a pesar de que lo hizo silenciosamente y se dirigió al vestíbulo. Era verano y hacía calor. Vestía un conjunto de transparencias muy
sensual que realzaba su morena estampa y sus labios gruesos. Tenía los
senos pequeños pero sensuales y un cuerpo terso y curvado. La lamió
la manó y ella protestó. ¡ roger, déjame!. No la
hacía caso porque la quería mucho y sabía que estaba triste.
Buscó la habitación de la asistenta para dormir, -un trastero lleno
de libros y cañas de pescar-, y su silueta se perdió en aquella
penumbra. No despertó a nadie porque la casa era grande. roger se quedó
con ella. Dentro de aquella atmósfera insinuante se desprendió del
vestido, -que cayó al suelo, cerca del perro-, y luego del sujetador. Tenía
el vientre bien formado y las bragas blancas resaltaban en aquella penumbra como
la aurora boreal. Se tumbó en la cama llorando.
Pasó el tiempo sin dormir, sin esperanza. De pronto, sus manos ascendieron
por el abdomen hasta alcanzar el pecho y levemente fue contorneándolo
con suavidad, rozándolo muy ténuemente con la yema de los dedos
y llegando en espiral a los pezones. Su mirada parecía perdida en la
profundidad y sus sensaciones crecían. Los pezones se erizaron pensando
en su marido y ella se estiró como un arco inclinando el pubis hacia
el firmamento. Tenía las bragas puestas, pero la humedad las mojaba desprendiendo
los primeros olores de aquella noche especial roger se excitó. El olor
del coño de Alejandra le llegaba con profundidad y una leve erección
primeriza asomaba en forma de punta afilada y roja. Puso las patas sobre la
cama y luego sobre su cuerpo. ¡ Quita que me haces daño!. Sin embargo,
el perro insistía porque le dominaba el instinto. Alejandra, imprudentemente
se quitó las bragas, y las dejó caer al suelo. Durante el rato
que sus dedos descendieron a su sexo para estimularse, roger proyectaba su
instinto lamiendo las bragas de aquella silueta desnuda que se masturbaba. Ella
sintió que el perro estaba alborotado, pero siguió tocándose
con la yema de un solo dedo. Como quiera que una puerta se oyó desde
el fondo y roger estaba inquieto, no la quedó más remedió
que acariciar su cabeza. Entonces, el perro se puso de patas sobre la cama y
luego se subió.
Una luz se encendió y luego se apagó. Alejandra acarició <br.................
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