Seminario: Las Tres Marías.

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Enviado por webmaster el 29 Nov, 2004 - 05:41 PM

Lo siguiente que les voy a narrar me sucedió a mi cuando estudiaba en el Seminario, ya que a mis 19 años tomé la decisión de servir a Dios.

Todo se inició, pienso yo que unos 12 años a tras ante de entrar al Seminario, vivía en un pequeño pueblo de la Sierra era para esos momentos el único niño varón del pueblo, mis mejores amigos o mejor dicho mis únicas amistades eran tres chicas de mi edad, con las que por muchos años compartí, siempre de manera inocente. Los cuatros asistíamos a la misma escuela, localizada en otro pueblo, jugábamos juntos, competíamos haciendo carreras, los cuatro durante muchos años nos bañamos juntos en el río y en la posa que tenía mi padre en los terrenos de labranza, por lo menos hasta que ellas comenzaron a desarrollarse.
Al terminar la primaria, a las tres las mandaron a estudiar a la capital, mientras que yo seguí mis estudios en un Liceo Católico, luego que lo terminé comencé a estudiar en la Universidad pero francamente mi vocación sacerdotal guió mis pasos al seminario. Durante el mes de diciembre, se me informó que mi padre había sufrido un ataque al corazón por lo que se me permitió regresar a mi hogar con el fin de que ayudase en lo que pudiera, pero al llegar todo resulto una falsa alarma, si se había sentido muy mal pero en realidad no era un ataque al corazón, por lo que aproveché para descansar más que otra cosa.
Cierto viernes unos días previos a la celebración del Nacimiento de Nuestro Señor, me encontraba en el pueblo saludando a los vecinos que por cierto tiempo no había visto debido a mis estudios, como es costumbre yo siempre vestía con sotana y muchos de los vecinos y familiares al verme me pedían la bendición, yo desde luego les aclaraba que tan solo era un seminarista pero aun así insistían, desde que llegué al pueblo ayudaba a dar la misa al Cura Párroco, pero ese día el Padre Pérez debió salir al pueblo vecino, por lo que me quedé caminando por mi viejo pueblo antes de regresar al hogar de mis padres.
Ya me dirigía a casa cuando escuché una voz de mujer que me dio un grito.
Marcos no puedes ser tu bribón............
Era la voz María Encarnación una de mis amigas de mi infancia, al voltear mi rostro quede totalmente sorprendido, yo esperaba encontrar una joven flaca enjunca, con los cabellos de color castaño claro recogidos con un moño en su cabeza, y con unos grandes espejuelos. Pero lo que vi distaba mucho de la imagen que me había formado mentalmente, ante mi se encontraba una hermosa mujer, con una bella cabellera rubia, muy bien proporcionada, y con unos grandes ojos azules. Ella se dio cuenta de mi sorpresa, y me dijo.
Ahora que eres padre ya no me reconoces, soy yo María Encarnación la que jugaba.................
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