Un día: en el supermercado.

relatos / Relatos diversos
Enviado por webmaster el 29 Nov, 2004 - 05:42 PM

Aquél día me empujó hasta el gran supermercado, las dos hembras de la casa, ósea mi suegra y mi esposa; Y allí anduve detrás de las señoras y sus respectivos callejeos, un trapillo aquí un capricho allí, y así horas y horas... Lo cierto es que con mi esposa estaba atravesando una de esas épocas en que pasábamos uno del otro, y ello me hacía mirar con otros ojos a las hembras que a mí alrededor pululaban, y la gran superficie era un buen escaparate para observar a las distintas hembras que por allí había, y a las que podía entrever entre los bastidores y probadores de ropa femenina, que podía contemplar a gusto como distintas mujeres escogían sus prendas más íntimas sin que nadie me molestara pues la presencia constante de mi suegra me servía de excusa para estar allí de plantón.
Cuando estaban mis dos hembras enfrascadas en la elección de uno de sus caprichos, pude observar como una mujer de unos cuarenta años, se acercaba al expositor de braguitas y escogía un mini tanga a pesar de poseer una buena grupa, donde parecía difícil poder meter aquella prenda, me miró y con una pícara sonrisa se metió la braguita en el bolso, cogió un pantalón y se fue al probador que quedaba muy cerca de mí a la derecha.
Una vez dentro dejó la cortina a medio correr y allí procedió a probar las prendas, enseñándome unas respingonas tetas y un culito respingón con dos buenas nalgas que mi suegra me impidió contemplar al pedirme mi opinión sobre una falda para mi esposa.




Lo cierto es que estaba contemplando en acción no solo a una auténtica cleptómana, sino a una de esas hembras de proporcionados volúmenes que invitaban a meterse con ella en el reducido espacio y armar allí la marimorena, sino fuese por las dos centurias que yo llevaba de escolta y el maromo que aquella hembra también arrastraba.
La factura final fue de órdago y que mansamente aboné ante aquella señorita de ojos azules y generosas proporciones que parecía invitarme a dárselo todo... quien si me invitó a comer en aquella fábrica de escaldabas fue mi mujer y allí me ví enfrente de aquellas dos lobas y unos menús que quitaban el apetito;.
Estaba por armar el lío y decirle a mis dos centurias que mejor nos íbamos de allí, cuando quiso la fortuna que en la mesa de enfrente se sentó la cleptómana con su esmirriado maromo, al cual sentó de tal forma que ella quedó enfrente de mí y a la cual podía observar entre mis dos "queridos guardaespaldas".
Mientras masticaba aquella medio bazofia, podía contemplar con atención aquella real hembra que pronto me saludó con una amplia sonrisa a la vez que se abría sus torneados muslos y poder contemplar una dulce oscuridad que cada vez se me hacía más nítida...
Mi querida cleptómana se bajó una mano a su entrepierna y se.................
Este relato es solo visible para usuarios registrados
Si deseas poder acceder a todos nuestros relatos eroticos, y al 100% del contenido de la pagina, pulsa
Aqui para registrarte o loguearte

Este artículo viene de Relatos eroticos historias porno
  http://www.relatoshispanos.com/

La URL de esta historia es:
  http://www.relatoshispanos.com/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=1934