ANA MARIA

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Enviado por Anonymous el 23 Jul, 2005 - 11:53 AM

Hace unos tres años recibí uno de tantos correos electrónicos que hubiera pasado desapercibido si no fuera por el "aroma" especial que tenía. Lo enviaba una chica de Madrid
Este era especial. Ana María, porque éste era el nombre con que firmaba, tenía una forma jovial, abierta y sin prejuicios a la hora de analizar la página, los relatos y sus contenidos y, sobre todo, de dirigirse a mí.
Con el tiempo se me hizo natural el recibir correo suyo una o dos veces por semana y terminamos por establecer una buena amistad, eso sí, siempre virtual. Hasta que llegó aquel viaje a Madrid...
Comenzaron también los viajes por España para entrevistarme con clientes y socios potenciales interesados en aprovechar las ventajas que ofrecía una web que había comenzado como un pequeño espacio insignificante en la red rebasó las cincuenta, las cien mil visitas.
Esta vez comuniqué en la web que iba a Madrid un par de días. Justo en el momento para ir a la estación llegó el mail de Ana María, acababa de leer el anuncio y que, si yo quería, estaría encantada de que nos viéramos y conocernos al fin en persona. Y me daba su número de móvil al final del mensaje El primer día en Madrid fue de locura. Eran casi las nueve de la noche cuando entré en una cabina y le llamé a su móvil
Me contestó una voz agradable. Cuando le dije quién era se alegró muchísimo, y antes de que yo lo propusiera, se ofreció a que nos viéramos. El tiempo justo de arreglarse y podíamos encontrarnos que de momento podía esperarla en la Cervecería Alemana, y que fuera pidiendo una cerveza.
Me gustó mucho el local, cuando esa encantadora voz que había escuchado un rato antes sonó a mi espalda:
- ¿Emilio?
Me volví y allí estaba ella. Ana María era una mujer menudita, con media melena, pelo caoba y una sonrisa encantadora. Apenas en un segundo aprecié su figura: unas caderas bien marcadas y unos pechos muy sugerentes.
Nos dimos los besos de rigor y tomamos una cerveza en la barra. Me contó que vivía cerca, en un piso antiguo.
Ana María tenía un sentido del humor muy fino, fuimos a cenar y después a tomar unas copas. Era realmente bonita y su blusa realzaba sus pechos generosos. De pronto puso sus ojos a un palmo de mi cara y me dijo con un tono entre seductor y divertido:
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