El chico de las galletas

relatos / Relatos de orgias
Enviado por Anonymous el 08 Sep, 2007 - 10:43 PM

Desde hace poco tiempo que descubrí esta página de relatos y las historias entre reales y ficticias me parecieron interesantes. Y tal vez sea por eso que me animé a contar algo que sucedió no mucho tiempo atrás y que no me atrevía a contar, tal vez por temor o rechazo ante mi falta de decisión.
Todo ocurrió cierto día, que regresando de Internet, vi en la puerta de mi casa a mi madre, a la madre de Fernando pues son muy amigas y un muchacho negro conversando. Como yo nunca he tenido rasgos racistas me pareció de lo más normal pues al fin y al cabo es una persona como todas las demás.
- Hola mamá, como está señora Julia.- saludé educadamente como me habían criado.
- Hola hijo, que bueno que ya llegaste.- respondió mientras le pagaba al muchacho. Mira lo que compré.
Ella me alcanzó 2 paquetes de galletas y los tomé de lo más natural y recordando que al chico en cuestión ya lo había visto regularmente en otras calles de nuestra urbanización vendiendo sus golosinas.
- Le he comprado al chico para ayudarlo.- dijo señalándolo.
- Ah, que bueno.- respondí mirándolo indiferente.
- Sí amigo, tu mamá es muy buena persona.- dijo sonriendo con esos dientes tan blancos.
- Señora Julia, ¿Fernando está en su casa?- pregunté por mi amigo.
- Sí, Francesco, ahí lo dejé haciendo sus tareas.- respondió la mujer.
Yo ingresé a mi casa con los paquetes de galletas, al rato entró mi madre acompañada de la madre de Fernando como siempre para chismear. Y eso no me parecía malo pero me gustaría que tuvieran otras cosas mejores que hacer pues no son tan mayores como para estar en asuntos de viejas, y digo esto pues mi madre tiene 41 años, es delgada, de piel blanca y cabellos negros azabaches y la señora Julia tiene 42 años muy bien conservados, es igual de delgada que mi madre pero aún más blanca, de cabellos rubios y ojos verdes.
Una semana después, estuve esperando en el paradero a una amiga para salir a pasear, y que al final me terminó llamando a mi celular y decirme que no podría ir pues sus padres se fueron de improviso a un funeral y ella se tuvo que quedar en casa cuidando a su hermanito menor.
Con disgusto tuve que regresar a mi casa caminando porque el lugar donde la iba a esperar estaba cerca a donde vivo y después íbamos a ir a otro sitio a pasear. Al llegar a la esquina y voltear a la cuadra de mi calle, me detuve al observar que en la puerta de mi casa, se encontraban mi madre, la señora Julia y el muchacho de las galletas otra vez conversando de lo más normal, pero lo que más me sorprendió fue que ingresaron y mi madre lanzó una última ojeada a los alrededores, apenas me pude ocultar y esperar a saber que ocurría.
Me apresuré a llegar a la puerta y lentamente introduje la llave en la cerradura e ingresar silenciosamente. Por las voces sabía que estaban en la sala y sólo podía espiar sin ser visto a través de una esquina de la ventana que da al patio y que está parcialmente cubierto por unas plantas.
El muchacho estaba sentado en un sofá individual y mi madre y la madre de Fernando en el sofá principal. Sin perder de vista a ninguno de los 3 agucé mis oídos para escuchar la conversación que se desarrollaba en la sala. Por la confianza con que dialogaban me hacía sospechar que no era la segunda vez que había venido a vender sus galletas.
- Entonces, ¿están seguras de lo que dicen?- preguntó el negrito algo confundido pero sonriente.



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