¿Hasta donde puede llegar un hombre que está obsesionado con su sobrina?. La has visto crecer, la has visto hacerse mujer, has compartido sus confidencias sobre sus primeros escarceos amorosos. La has aconsejado, pero no has podido evitar la excitación que te producen sus formas de mujer, sus pechos, sus movimientos. Por su parte siempre parecían inocentes, hasta que un día te das cuenta de que sus miradas y sus gestos tienen algo más que simple coqueteo, parece como si hubiese notado que puede excitar a un hombre y disfruta con ello. Como premio tras su graduación, mi mujer preparó un viaje a Paris, y puesto que ella no podría venir, nos reservó los hoteles para 3 días. Lucía estaba feliz. Era su viaje soñado. Y por mi parte, no me lo podía creer: iba a estar solo con ella durante esos días.
Salimos el 1 de julio.
Cuando al anochecer llegamos al hotel desde el aeropuerto, acudimos a recepción.
- Tengo una reserva a nombre de...
El empleado asintió, y solicitó nuestra documentación. Yo le mostré mi pasaporte, y mientras llenaba el formulario pidió también el de Lucía. ¡Vaya!. Ahora se dará cuenta de que no coinciden los apellidos, veremos a ver su cara. Pero el hombre no mostró ningún reparo.
- Una habitación con dos camas... ¿verdad, señor?
- Si, así es - dije tratando que mi voz pareciese firme.
- La 313, el ascensor del fondo.
En el ascensor hice un comentario que trató de aparecer casual
- Me parece que nos han tomado por un ligue.
- Claro - dijo ella
- ¿Te importa?... Si quieres pido otra habitación individual.
- Para nada. Si además son camas separadas.
La habitación era pequeña, con dos camas juntas, y todos los lujos que un hotel de 4 estrellas puede tener. Hacia un calor horroroso y estábamos sudando tras el caluroso viaje desde el aeropuerto.
- Voy a ducharme- dijo Lucía - estoy muerta de cansancio
Mientras estaba en el baño, me puse el pijama y entonces se me ocurrió una idea diabólica: disolver una pastilla de Rohipnol en la pequeña botella de agua del minibar. Quizás si se dormía, podría tocarla. Cuando volvió del baño estaba envuelta en una toalla, que marcaba claramente sus senos. Disimulé cogiendo un libro, mientras notaba el inicio de una fuerte erección, aunque casi no podía separar los ojos de ella.
- Vuélvete... voy a ponerme el pijama - dijo, mientras se sentaba en el borde de la cama.
- Si claro... – y así lo hice, pero justo enfrente estaba el espejo de la cómoda.
Ella se soltó la toalla y se puso de pie, dejando su figura desnuda, con unos fabulosos pechos que oscilaron levemente al moverse.
- No mires ahora.................
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