Dos: Dos Intrusos I
relatos / Relatos de confesiones
Enviado por webmaster el 12 Nov, 2004 - 04:35 PM
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Me desperté sumamente adolorida por la incómoda posición en la que me dormí; un rato después entró el flaco y me desató las manos y los pies, me ordenó bañarme; me quité la mordaza y lo hice, mientras él cantaba al otro lado de la cortina de baño; de repente él abrió la cortina y se metió a la ducha conmigo; pude ver que realmente no estaba tan mal de cuerpo, pues era parecido al de mi marido, me ordenó que lo enjabonara y tuve que hacerlo; cuado le lavaba su pene se le endureció; él me volteó contra la pared de azulejo y sin ninguna advertencia me clavó su pene en la vagina; tal vez fue por el jabón, pero el pene se deslizó dentro de mí sin resistencia y ahí sentí un poco de placer; ese tipo me hizo tener un orgasmo en el baño.
No tardó mucho en terminar otra vez dentro de mí; terminamos de
bañarnos y al salir nos ayudamos a secarnos mutuamente; fuimos a la recámara
y me ordenó vestirme con ropa cómoda; él tomó ropa
de mi esposo que le quedaba a la perfección; bajamos a la sala y me hicieron
llamar a mi trabajo por teléfono para que me reportara enferma, lo hice
tratando de aparentar calma, pues el pelón otra vez tuvo todo el tiempo
el cuchillo amenazante en mi vagina.
Me ordenaron preparar el desayuno, lo hice y los tres comimos; luego me dieron
mi bolsa y me hicieron subirme al auto y conducir a un centro comercial, no
sin antes amenazarme de muerte si se me ocurría pedir ayuda a alguien;
al ser un día entre semana en la mañana, no había mucha
gente; el flaco me abrazaba disimulando el cuchillo en mi espalda; fuimos a
un cajero automático y me hicieron sacar todo lo que se podía
de mis tarjetas, luego compramos varias cosas como una televisión, un
dvd, y otros aparatos eléctricos hasta que mis tarjetas quedaron totalmente
saturadas; contratamos una mudanza de la misma tienda y llevamos las cosas a
una casa en un lugar apartado; pero el que manejó en esa ocasión
fue el pelón; a mi me vendaron los ojos y me hicieron acostarme atrás,
con el flaco cuidándome.
El viaje fue largo, pero por fin regresamos a la casa; como había mensajes
de mi oficina tuve que comunicarme de nuevo, inventando esta vez que había
ido al doctor y por instrucciones de ellos tuve que inventar que el doctor me
había ordenado reposar dos días más; siempre con al amenaza
del cuchillo en mi vagina.
En cuanto terminé de hablar, me ordenaron desvestirme; el flaco se tendió
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