Esta historia comenzo mucho tiempo atras, de niño. No recuerdo exactamente la edad que tenia, pero serian diez años.
Por esos tiempos, mi prima y yo pasabamos mucho tiempo juntos, pero no por
decision propia, sino porque nuestros padres nos dejaban donde nuestros abuelos.
A veces nos llevabamos bien, pero la mayoria de las veces, no. De todas formas,
eso no viene al caso. En varias de esas ocasiones en que nos soportabamos,
comenzamos a hacer juegos inocentes, como jugar a ser marido y mujer, rey y
reina, cosas asi, pero del todo inocentes.
Hasta que un dia, no se aun de donde
saco la idea y como tuvo el valor para expresarmela, mi prima insistio en que
nos besaramos, para hacer mas real nuestro juego. Yo no podia creer tal
peticion, me parecia indigna pero a la vez muy interesante. Jamas habia besado a
nadie y tenia mucha curiosdad. Claro que lo hice, y con el tiempo me di cuenta
de lo malo e inexperto que fue ese beso por parte de los dos. Solo recuerdo que
el sabor de sus labios me parecia riquisimo, y me costo acostumbrarme al roce de
nuestras lenguas, pero luego comence a disfrutarlo y a sentir como esa serpiente
lujuriosa se movia dentro de mi boca.
Pasado el tiempo, el juego paso a ser poca cosa, y sin palabras, solo con el consentimiento que se sobreentiende bajo el peso de la mutua confianza, comenzamos a sentir curiosidad por nuestros cuerpos. Recostados en el piso, nos tapabamos con unas mantas, mientras nuestros abuelos dormian la siesta, y comenzamos a explorarnos desenfrenadamente. Yo saboreaba su boca y sus incipientes senos, mientras mis manos devoraban su entrepierna. Mientras tanto, de forma no menos atrevida, ella estudiaba con su descarado tacto mis testiculos y mi pene. Las sensaciones que sentia eran indescriptibles y demasiado aventureras para un chico de 10 años, pero jamas llegue a arrepentirme. De un dia para el otro el juego se termino.
Durante toda mi juventud y mi primera adolescencia, tan sedienta de sexo, de conchas y de tetas, incluso llegue a arrepentirme de no haber hecho cosas incluso mas desenfrenadas con mi prima, como saborear su sexo, incitar a que ella mamara el mio e incluso, me arrepentia de no haberla penetrado. Pero claro que era apenas un niño, y mis conocimientos en aquel momento no me permitian tales deseos.
Una noche, el verano pasado, nuestras familias decidieron irse de vacaciones juntas. Fuimos a un pueblo costero llamado Villa Gessel. La casa, de dos plantas, era hermosa pero sencilla, y la recuerdo por las muchas aventuras que vivi ahi, incluso haberme tirado a mi prima.
Ya en mi cuarto, luego de haber ordenado todo, decidi descansar un rato. Y la casualidad me llevo a pararme junto a una baranda que da a la escalera que llevaba a la.................
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