sexo anal: Dulce menú

relatos / Relatos de confesiones
Enviado por webmaster el 04 Ene, 2005 - 08:35 AM

Soy un chico de treinta años. Mido 1.80 y me gusta mucho hacer deporte.


Como cada día fui a comer a los restaurantes que están en la zona de la playa. Esta vez me toco ir a mí solo porque a la hora de comer todo el mundo se había ido.

Me senté en una mesa que tenía un amplio ventanal en frente y
podía ver el mar y los barcos entrando al puerto. La vista era muy bonita,
pero me agradó más ver la visión de la camarera. La chica
era alta más de 1.75, rubia y no excesivamente guapa, aunque tampoco
era fea. Pero se movía de una forma que parecía la típica
que se hace la tontita y la inocente y luego resulta ser una susy. Además
me di cuenta que sus senos eran grandes y no llevaba sujetador porque casi
bailaban al son de sus movimientos.

- ¿Vas a ser tú solito?

- Sí. Hoy me ha tocado solo.

Elegí los platos. Cuando se alejaba hacia la cocina pude ver que su
culo era hermoso, y estaba embutido en unos baqueros muy apretados que lo hacían
muy apetecible. Después de esa visón tan erótica me tuve
que resignar viendo los barcos entrando en el puerto.

Ella volvió con el primer plato en la mano, una botella de agua y una
amplia sonrisa. Dejó el plato y cuando se dispuso a abrir la botella
de agua, apoyándola en la mesa para hacer más fuerza con el abridor.
Tanta fue la fuerza que hizo que la botella al abrirse se cayó encima
de mí. Me mojó todos los pantalones.

Ella parecía avergonzada, y cogiendo una servilleta intentó secar
algo del agua que ya calaba mis pantalones. Pero cual fue mi sorpresa cuando
su mano abandonó la zona humedecida para plantarse encima de mi paquete,
el cual empezó a reaccionar ante sus caricias. Ella había abandonado
su expresión de niña avergonzada, y ahora volvía a ser
la de susy, ingenua que volvía a sonreírme. Estaba ya muy
cachondo.

- Ven tenemos un secador en el despacho.

Me levanté de la silla y la acompañé por una puerta que
ponía reservado.
Ella iba delante y yo volvía a ver ese culo con los baquero que se
metían por la raja. Antes de entrar en por una puerta que ponía
oficina, ella ya se había quitado la camiseta.

Una vez dentro se dio la vuelta y pude ver sus tetas que eran bastante grandes:

- Quítate lo mojado. à decía.................
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