Sonia y sus amigas, todas de su misma edad, tenían la costumbre de reunirse los sábados por la tarde en casa de una de ellas para tomar un café y hablar de sus cosas.
David nunca se encontraba con ellas, porque durante esas horas también solía trabajar. Pero desde que finalizó con éxito su experimento, ya no necesitaba pasar tantas horas en el laboratorio. Aquel
sábado por la tarde se reunieron en su casa. David las dejó en
el salón mientras pasaba el rato leyendo en el dormitorio. A media tarde
sintió un poco de hambre, y se dirigió a la cocina para comer algo.
Desde allí podía ver perfectamente a su mujer y a sus amigas. Se
entretuvo un rato observándolas a todas.
La que más gritaba al hablar era Marta, una impresionante morena de
pelo rizado y cuerpo de pecado. Alta y esbelta, tenía los pechos grandes,
más incluso que Sonia. Llevaba puesta una cortísima minifalda
que se deslizaba hacia arriba cada vez que se movía. Y no dejaba de
moverse todo el tiempo. Solía vestirse de forma espectacular, para gustar
a los hombres. Era soltera, muy simpática, y le gustaba presumir de
su independencia.
Incluso más espectacular y hermosa que Marta era Eva. Rubia, pelo largo,
ojos verdes, pechos no demasiado pequeños, pero increíblemente
bien proporcionados, y unas piernas que nunca se acababan. Era una auténtica
zorra. David la odiaba, y el sentimiento era mutuo. Había sido modelo,
e incluso algunas veces seguían llamándola para algunos trabajos,
puesto que sus apenas cumplidos 30 años tan solo habían mejorado
su figura y su belleza. Hacía un par de años que había
conseguido engatusar a un joven millonario y se había casado con él.
Joven, hermosa y rica, la convertían en una insoportable y presuntuosa
presumida. Disfrutaba humillando a David y avivando la cizaña en Sonia.
Una de las mayores fantasías de David era humillarla públicamente.
Junto a Eva estaba Yolanda, una pequeña y vivaracha morena. Trabajaba
en un gimnasio, como monitora de aerobic. A pesar de que todo su cuerpo era
pequeño, el ejercicio diario mantenía sus pechos firmes y puntiagudos,
y su trasero, pequeño pero muy agradable a la vista. Le gustaba vestir
mallas y todo tipo de ropa flexible y ajustada, y presumía de no llevar
nunca sujetador porque no lo necesitaba, cosa que por otro lado, era cierta.
Nunca había encontrado a su hombre ideal.
Por último estaba María, la hermana de su mujer y por tanto,
su cuñada. Se parecía mucho a su hermana, excepto en el pelo.
Era una pelirroja fastuosa. Su largo pelo rojo.................
Este relato es solo visible para usuarios registrados
Si deseas poder acceder a todos nuestros relatos eroticos, y al 100% del contenido de la pagina, pulsa
Aqui para registrarte o loguearte
|