Ella me pidio que me colocara el delantal de chacha y esto me emociono mucho..............
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“Maldito ascensor!” – maldigo enfadado. “En buen momento se estropea.” Voy cargado de bolsas y me va a tocar subir las cuatro plantas hasta el piso de Diana. Ya he venido medio corriendo porque llegaba tarde y estoy bastante cansado como para subir ahora escaleras.
Diana me llamó a media mañana para decirme que quería que le hiciera la compra y que fuera a su casa para hacerle la comida. A menudo me pide que vaya a su casa para hacerle de cocinero. Sólo con el tiempo he ido mejorando porque, al principio, me salían cosas que Diana me las tiraba a la cara. Literalmente.
En el trabajo me entretuvieron a la salida y por eso he llegado tarde. Por suerte, tengo un horario de trabajo bastante flexible que me permite ser utilizado por mis dos Dueñas casi a todas horas. No sé si soportaría tener un horario que me redujese el tiempo de ver a mis Señoras.
Ya está. Cuatro plantas. Por fin. Al dejar las bolsas en el suelo, noto que me he acalorado. Abro la puerta y entro las bolsas. Nada más entrar, me quito parte de ropa para intentar refrescarme un poco. “Qué alivio!” – pienso. De hecho, me tengo que quitar toda la ropa. Diana me dijo que me pusiera el uniforme de chacha. Aunque más que uniforme, son cuatro cosas. Unos zapatos de tacón, un minidelantal y una cofia. Pero como no quiero pillar un resfriado, dejaré que el cuerpo se aclimate poco a poco.
Dejo el correo en la entrada y me dirijo a la cocina. Allí, empiezo a sacar las cosas que he comprado. Unos espaguetis, un par de salsas, yogures, bebidas, leche y unos cereales. Justo en ese momento, suena el teléfono. Diana me indicó en su momento que no lo cogiera nunca y así lo hago. Llaman tres veces hasta que deja de sonar. Una vez he colocado toda la compra, me dispongo a preparar la comida. Un plato de pasta fresco acompañado por una ensalada bien aliñada. Dejo la pasta hirviendo, y me voy a cambiar. Me desnudo por completo y me pongo mi uniforme de chacha. “Estos zapatos me van a matar.” – pienso. No es la primera vez que me los pongo. De hecho, ya hace bastante tiempo que lo hago, pero no me acabo de acostumbrar. Me pongo el delantal pero tengo una erección que me avergüenza incluso estando solo. Y lo peor, es que tengo que ir al lavabo y mirarme al espejo para colocarme bien la cofia. Me siento ridículo. A esto no me acostumbraré nunca.
Vuelvo a la cocina y le echo un vistazo a la pasta. Todo va bien. Calculo el tiempo que le falta y decido preparar la ensalada.
De repente, alguien llama al timbre. Me apresuro para ver.................
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