“Pero quien coño llamará a estas horas?!” – me pregunto enfadado y medio dormido.
Miro el reloj y veo que son las siete y media de la mañana.
“Para un día que me dan libre...” – maldigo.
“Sí?” – pregunto al coger el teléfono.
“Hola.” – me dice un voz dulce y aterciopelada. Es Ángela!
“Hola, mi Señora. Buenos días.” – me apresuro a decir intentando poner una mejor voz.
“Vaya, espero no haberte despertado.” – me dice con ligero tono de sarcasmo.
“No se preocupe, mi Señora.” – le digo resignado.
“Bueno, te llamaba porque quiero que me lleves al trabajo.” – me explica.
“Tiene algún problema con su coche?” – le pregunto ya un poco más despierto.
“No, ninguno.” – me explica. “Simplemente quiero que me lleves.”
“Entendido, mi Señora.” – contesto.
“Tienes veinte minutos.” – me dice.
“Entendido, mi...” – me ha colgado.
Me aseo y desayuno algo rápido. Mientras me visto, tengo la intuición que no va a ser un día muy relajado.
Salgo de casa y me dirijo a casa de Ángela a toda prisa. Mientras conduzco, bostezo en numerosas ocasiones. Todavía tengo mucho sueño y lo noto.
Llego a las ocho menos dos minutos a casa de Ángela. Aparco en un vado y salgo corriendo a llamarla por el interfono. Por suerte, Ángela no tarda en bajar.
“Al coche.” – es lo primero que me dice.
“Sí, mi Señora.” – contesto. Me apresuro a abrirle la puerta trasera para que entre. Cierro la puerta y, luego, me introduzco yo.
“Buenos días, mi Señora.” – le digo por el retrovisor mientras arranco.
“Buenos días, esclavo.” – me contesta.
“Qué tal está, mi Señora?” – le pregunto.
“Bien. Más despierta que tú, por lo que veo.” – me dice haciendo clara referencia a mis continuos bostezos.
“Ay, lo siento, mi Señora.” – me disculpo.
“Quiero que hagas una serie de tareas.” – me explica.
“Lo que Usted diga, mi Señora.” – le digo. En ese preciso momento, se confirman mis sospechas. No va a ser un día de descanso.
“Quiero que me limpies la casa y que hagas unas compras.” – me explica. “Aquí detrás te dejo las llaves de casa y la lista con las cosas que quiero que compres. Tienes hasta la hora que vuelva a casa.”
“Entendido, mi Señora.” – contesto.
En ese preciso momento, suena el móvil de Ángela. Tras intercambiar un par de saludos, deduzco que se trata de Diana. La conversación no dura mucho.
“Diana quiere que la acompañes al trabajo.” – me dice Ángela guardando el móvil.
“Al trabajo?!” – digo sorprendido sabiendo que vive a cinco minutos del trabajo.
“Algún problema?” – me pregunta Ángela amenazantemente.
“No, no. Ninguno, mi Señora.” – contesto sumisamente.
“Bien. Pues entonces, cuando me dejes a mí acompáñala a ella.” – me indica.
“Sí, mi Señora.” – contesto.
Llegamos a lugar donde trabaja Ángela. Aparco en doble fila y me apresuro a salir para abrirle la.................
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