La pareja, resguardada por la oscuridad de la noche, se besaba calurosamente en el portal del edificio número sesenta y seis mientras el silencio reinaba en la calle. Él, vestido con unos sucios vaqueros y una camiseta de manga corta color rojo, manoseaba los pechos de su novia rudamente, mientras ella, también con pantalones tejanos pero con una blusa de seda blanca, acariciaba su culo. Las lenguas se abrazaban en medio de una corriente de saliva que iba de una boca a otra.
Jonas, que así se llamaba, desabrochó el botón de la blusa e introdujo por la abertura su mano derecha, subiendo el sujetador y liberando el hinchado pecho de Fabiana. Pellizcó el pezón levemente. Y lo retorció y lo acarició y lo besó y lo lamió. Fabiana, mientras tanto, tenía la mano metida en su bragueta y estaba tocando su polla, descubriéndola y cubriéndola.
Cuando acabó de jugar con sus tetas volvió a besarla, esta vez mucho más apasionadamente que antes, sin duda muy excitado por los juegos que estaba haciendo Fabiana en su entrepierna.
La luz del entresuelo, justo encima de ellos, se encendió. Era el padre de Fabiana, que como era costumbre en él, se levantaba a esperar a su hija cuando veía que pasaban de las cuatro, la hora límite. Basta por hoy - dijo Fabiana al tiempo que retiraba su mano de la bragueta de su novio - hasta mañana, ya te llamaré. Dicho esto le dio un beso de despedida, casto y sin lengua, y entró en el edificio al tiempo que se abotonaba la blusa.
Jonas, con su polla erecta y prisionera dentro del pantalón, se puso a caminar para volver a casa. Se sabía la calle de memoria: un videoclub, una frutería, una papelería, un parque... Al cabo de un par de minutos, puesto que iba un poco borracho, le entraron ganas de mear y entró en el pequeño parque. El parque tenía un par de columpios, un tobogán, una fuente, varios bancos y estaba rodeado de cipreses y de pequeñas palmeras que prácticamente no dejaban ver la calle. Se puso detrás de un banco, sacó su verga y apuntó a los cipreses. Al cabo de un minuto seguía sin mear. Estaba tan excitado que era imposible. Estaba tan empalmado que no podía.
Una sombra entró en el parque. Caminaba arrastrando los pies y llevaba una cerveza en la mano. Iba en la dirección del sitio donde estaba Jonas, que estaba tan concentrado en poder mear que no reparó en ella hasta que estuvo a apenas tres metros. Entonces él se giró y vio a una joven más o menos de su edad, un poco más alta que él, con el pelo rojo y un vestido negro que tapaba más bien poco. Ligeramente sobresaltado se giró hacia el otro lado intentando guardarse la polla, que seguía erecta, en el pantalón.
No te preocupes por mí. - dijo Laura- Yo también he venido a.................
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