Era un miércoles justo antes del jueves Santo, y yo me encontraba en Almería por motivos de trabajo. Tenía una reunión con unos clientes, pero la reunión se había alargado demasiado, y perdí mi vuelo para volver hasta mi ciudad de origen.
Al ser víspera de Semana Santa, no hubo manera de conseguirme plaza en ningún vuelo, ni tampoco de alquilar ningún coche para volver por carretera, y tras esperar más de dos horas en el aeropuerto, llamé a mi secretaria para que intentase conseguirme algún hotel en el pasar la noche, y probaría suerte de nuevo al día siguiente. Al poco rato me llamó y me dijo que me había conseguido una habitación en un hotel de Roquetas de mar, una localidad cerca de Almería, y, tras conseguir un taxi, me dirigí hacia el hotel.
Éste estaba situado en primera línea de playa, y era un hotel de cuatro estrellas, bastante nuevo y con buen aspecto.
Después de llegar a la habitación, y darme una ducha, miré el reloj. Eran poco más de las seis y media de la tarde, así que pensé que tal vez podría aprovechar algo de lo que me quedaba de día. Presté atención a los múltiples servicios que ofrecía el hotel y vi que uno de ellos era una piscina cubierta. Decidí que esa sería la mejor forma de emplear el tiempo hasta la cena, de modo que bajé a la tienda del hotel a comprar un bańador (en mi escaso equipaje no llevaba bańador, claro está), me cambié en la habitación, y me dirigí a la piscina. Esta no era demasiado grande, pero al ser climatizada el agua estaba realmente caliente, y se estaba de vicio allí.
Estuve nadando un rato, y después me recosté contra el borde de la piscina. La piscina había varios nińos jugando, con sus madres vigilantes sentadas en unas tumbonas, pero se estaba bastante bien, por que los nińos no molestaban mas de lo que suele ser habitual en esos casos. Entonces entró en la piscina una pareja, y ella era la mujer más apetitosa que he visto nunca.
Una altísima morenaza de bellísimos ojos grises, con el pelo ligeramente rizado y un cuerpo de infarto, que pude apreciar mejor cuando, momentos después, se quitó la ropa y se quedó vestida solo con un bikini negro increíblemente favorecedor. Sus pechos eran grandes y apetitosos, y era ligeramente ancha de caderas, vamos, como me gustan a mi las mujeres, que haya donde agarrarse.
Realmente estaba como un queso. Se metió con el novio/marido en el agua y al instante comenzaron a besarse y a abrazarse, con bastante discreción. He de destacar que, cuando pasaron cerca de mí en sus juegos, pude apreciar que ella tenia una sonrisa pícara increíble, que hizo que se me pusiese dura solo de pensar en lo que esa sonrisa prometía. La verdad es que ella me había puesto como una moto, y yo no podía dejar de mirarla a.................
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