Pantys: LOS PANTYS DE MI CONCUÑADA
relatos / Relatos de fetichismo
Enviado por webmaster el 07 Dic, 2004 - 05:14 PM
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Entré en el cuarto de ropas y vi que sobre las cuerdas se hallaban tres de sus pantys colgados pero ya secos. Sin pensarlo dos veces, tomé unos, bajé mis pantalones y cubriéndome el pene con ellos comencé a masturbarme lo cual no tardó mucho por el grado de excitación que tenía.
Soy un hombre normal en cuanto a mi vida sexual y cotidiana pero desde muy temprana edad y no sé por qué, he desarrollado un fetichismo obsesivo por la ropa interior de mujer.
He llegado a buscar la forma de robar a una mujer sus panties y lo he logrado, incluso aún con su olor y sabor al cuerpo de la propietaria. Esta es una de esas historias:
En una ocasión fui de visita a casa de un hermano que vive en otra ciudad y nos sentamos con él y su esposa a departir una agradable tertulia acompañada de unos buenos tequilas.
Su esposa se encontraba vestida con una falda algo corta y bien ceñida al cuerpo, delineando un bello y contorneado trasero el cual siempre me gustó.
En el sitio donde nos hallábamos había tres sillas tipo playeras con una mesa de cristal transparente en el centro, sobre la cual había puesto un delicado mantel que no alcanzaba a cubrirla por completo, razón por la cual ella que estaba sentada casi en frente mío quedaba ofreciéndome en determinados momentos una vista inigualable de su tesoro, cubierto por unos panties de lycra blancos con encajes en los bordes y cuya textura dejaba entrever cierta transparencia que dibujaba parte de su feminidad.
Entre tequila y tequila ella se levantaba a traer zumo de limón o algo para comer y ese momento era realmente glorioso porque por lo ceñido de su falda se le subía hasta un punto que era inevitable ver con mayor claridad aquel hermoso panorama, contando con la fortuna de que mi hermano al estar sentado a su lado no se percataba de lo sucedido en ningún momento, situación que yo pude manejar tratando con gran esfuerzo de no dejar notar las fijaciones de mis miradas, que casi la penetraban.
Solo les cuento que fueron bastantes los momentos tortuosos porque ante aquella visión mi pene se encontraba al máximo; estaba tan lubricado por tantas erecciones, que los fluidos preseminales me alcanzaban ya a pasar mis pantalones, lo que no me preocupaba porque en mi posición nadie alcanzaba a notarlo.
En alguna de las levantadas de mi concuñada, la miré de manera tan descarada ya que los tragos estaban bastante subidos (especialmente en mi hermano), que se dio plena cuenta de ello y mi sorpresa fue que en lugar de taparse o hacer defensa de su pudor, abrió un poco más de la cuenta las piernas y se levantó entrando a la cocina la cual estaba separada del lugar donde estábamos por una puerta de correr con cristal templado. Mi sorpresa llegó al extremo cuando ella junto al lavaplatos dándole la.................
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