Fetichismo: Sonia

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Enviado por webmaster el 09 Dic, 2004 - 02:36 PM

EL DESPERTAR DEL SEXO DE UNA JOVENCITA

Antes que nada, quiero dejar en claro que el relato que os voy a contar es meramente ficticio, nada que ver con la realidad, pero a veces es bello fantasear, así nadie resulta lastimado, física o emocionalmente.
Hace ya algunos años, cuando vivía en Barcelona, trabajaba en una empresa de importaciones y exportaciones, me alojaba en una casa de huéspedes, la cual era muy bella y antigua, con grandes corredores, jardines internos y un gran zaguán a la entrada.
Mi habitación se encontraba precisamente al final de la casa en la parte alta de la escalera, junto a un patio lleno de hierbas y flores bellísimas, desde donde tenía plena vista de gran parte de la casa así como de la hermosa ciudad.
La dueña de la casa se llamaba Delfina, una mujer viuda de unos 40 o 41 años de edad, de tez blanca, estatura regular, ojos cafés y cabello castaño, aun conservaba una bonita figura, claro un poco desgastada por el tiempo y por el hecho de haber tenido a tres hijas, una ya de 25 años, otra de 23 y la más pequeña de 13 años de edad, de todas, ésta última, la más linda. Se llamaba Sandra, pero su mamá y después yo terminamos llamándola, Sonia o Sandy.
Aquella forma de llamarla me producía cierto morbo ya que esas palabras eran una combinación de dulzura y erotismo a la vez. Bueno, Sonia era, como ya había dicho, una niña muy linda, de ojos café claros casi color miel, piel morena clara, cabello castaño ondulado, espigada para su edad y ya comenzaba a adquirir forma de mujercita. Sus turgentes senos surgían de su pecho, formando una aureola en la punta y como no usaba aun sostén o sujetador, eran muy visibles a través de sus blusas o vestidos ligeros, lo mismo que su precioso culito, que era tal vez lo que más me llamaba la atención ya que era perfecto, con sus nalguitas abultadas, anchita ya de caderas y con una cinturita celestial.
Ya hacía tiempo que, mientras cenábamos todos reunidos alrededor de una gran mesa, la observaba con gran detenimiento y no me levantaba hasta después de que, con el pretexto de hacer charla, ella lavaba los platos, así como cada una de las hijas de Doña Delfina.
Mientras fingía que disfrutaba de la conversación pausada de Doña Defina en sobremesa, a hurtadillas admiraba aquella encantadora figura de niña. Me concentraba en tratar de visualizar sus breves bragas, lo cual no era muy difícil ya que por lo abultado de sus nalguitas, resaltaban de una manera sobrecogedora.
Algunas noches, cuando me retiraba a mi cuarto, entraba con mi miembro erecto a más no poder, y al recostarme, me imaginaba su lindo cuerpo junto al mío, mientras me hacía una hermosa paja que por lo regular terminaba en una tremenda eyaculación con lo cual conciliaba un sueño reconfortante que me hacia dormir toda la.................
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