Gay: EN SIERRA NEVADA

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Enviado por webmaster el 07 Dic, 2004 - 04:01 PM

Mi historia comienza 3 años atrás. Yo vivía por entonces en la ciudad de Granada.






Mi historia comienza 3 años atrás. Yo vivía por entonces en la ciudad de Granada. Mis estudios no me iban muy bien, aunque había terminado la Formación Profesional en la especialidad de Administrativa, pero a pesar de todo, no había tenido mucho éxito a la hora de encontrar trabajo.
Mis padres, cansados de la situación, me dieron un ultimátum, el cual por mi carácter serio y reservado, no estaba dispuesto a acatar. Fue así como decidí irme a trabajar a un pequeño cortijo, alejado bastante del núcleo urbano, a bastantes horas de la capital, y también de cualquier otro pueblo.
Fernando, el hijo del dueño, y antiguo compañero de clase, había hablado a su padre de mí, y de mi necesidad, y aunque el padre de Fernando acepto contratarme como jornalero, advirtió que no tendría ningún privilegio por ello, lo cual a mí no me importaba.
Una mañana temprano, hice mi maleta y cogí el autobús con destino Trevélez, un pueblo en la falda de Sierra Nevada.
En el trayecto hacia tal lugar, en un pequeño cruce, me estaba esperando Fernando, junto a otro hombre que no conocía. El autobús se detuvo y solamente yo bajé en esa parada. Fernando me dio un abrazo muy fuerte, y me presentó a Antonio, quien afirmaba ser el encargado de las labores agrícolas, y de los empleados del cortijo.
Antes de continuar en mi historia, debo de describirme, y debo de aclarar que siempre he gustado mucho a la gente, por mi físico y por mi carácter. En el plano físico, decir que era un chico de 22 años, con pelo cobrizo, y ojos marrones con un brillo espectacular (según dicen). Respecto a mi estatura el 1,85 m. debo de alcanzar, y mi peso oscila entre los 85 y 90 Kg., Respondo al nombre de Daniel.
Retomando mi historia, al llegar a la parada del bus, cogí mi maleta con firmeza, y me monté en un todo terreno, que conducía con demostrada experiencia el Sr. Antonio, como debía de ser llamado.
Fernando mientras nos dirigíamos al cortijo, aprovechó para preguntarme como estaba, y como era posible que no hubiese terminado la carrera, con lo estudioso que era. Le aclaré mis problemas con mis padres, y que no estaba dispuesto a seguir estudiando, y que al no encontrar trabajo, decidí llamarle a él. Mientras tanto, Antonio seguía muy concentrado en su tarea; conducir y callar.
Cuando llegamos al cortijo, descubrí que aquello no era un cortijo, sino un palacio. La entrada era típica de una casa señorial, con establos a los lados, y las habitaciones de los empleados al otro lado. Frente a la verja que protegía el lugar, pude ver la casa más bonita y amplia que mis ojos hasta el momento habían visto.
Baje del vehículo, aun con mis ojos observando cada parte del.................
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