Carcel: Mi vida en la carcel

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Enviado por webmaster el 07 Dic, 2004 - 04:02 PM

Todo se nublo ante mi y empecé a sentirme mas perra que nunca




Alguien puso una botella de poppers bajo mi nariz y aspire profundamente. Todo se nublo ante mi y empecé a sentirme mas perra que nunca. El negro que me tenia agarrado por la cintura empezó a empujarme la verga dentro del culo y la leche que ya tenia dentro empezó a salir por los lados y a resbalar por sus cojones y mis piernas. Cerré los ojos y sentí ese trozo de carne negra y dura deslizándose violentamente por mi ano. La tenia enorme, pero no mas que los que me habían montado primero. Por lo menos diez de los convictos ya se habían corrido en mi culo y habían otros veinte esperando.
Todo había comenzado esa misma tarde, hacia apenas una hora. Era mi primer día en la cárcel. Había sido condenado a dos años por posesión ilícita de estupefacientes. Había sido trasladado al penal esa misma mañana, inmediatamente después de que se dictase la sentencia. Luego del almuerzo fui al baño y vi como tres de los reclusos se me acercaban sigilosamente. Sabía para que venían. Todos los "nuevos" debían pasar por esa experiencia. No iba a resistirme. Haría lo que ellos quisieran. Un puertorriqueño enorme se planto frente a mi. "Ven aquí perrita. Ven a darle placer a tu macho" me dijo llevándose groseramente la mano al paquete y mostrando una sonrisa con dos dientes de oro. Otros convictos empezaron a llegar. Me acerque lentamente al puertorriqueño y me arrodille frente a él. Los convictos se sorprendieron. Parece que estaban acostumbrados a que los "nuevos" se resistiesen. Al menos el primer día. Lentamente le desanudé el lazo y le bajé el pantalón hasta la rodilla. La verga se le estaba parando. Cogió violentamente un mechón de mi pelo rubio y me levanto la cabeza. Miró directamente hacia mis ojos azules. "Carne blanca", murmuro con lascivia. Los otros convictos empezaron a arrecharse también. Podía sentir el olor de sus vergas que empezaban a pararse. "Mámamela", me ordenó el puertorriqueño. Lentamente fui acercando mis labios hasta su verga y la envolví con toda la ternura y suavidad de que fui capaz, quería decirle con eso que lo respetaba como macho y que yo estaba allí para darle placer, para ser su perra…
El puertorriqueño dio un gemido de placer y a mi la verga se me empezó a parar abultándose bajo la tela del pantalón. "Miren a la perra", dijo un convicto con acento colombiano. "Se la ha parado la pinga. ¡Qué tal puta!" De pronto sentí cómo unos fuertes brazos me levantaban en vilo y otros me bajaban el pantalón dejándome el culo al aire. Me volvieron a dejar en cuatro patas. "¡Que rica puta!" volvió a decir el colombiano. "¡Miren que buen culo!". "¡Vamos a chingarla!" dijo otro con acento mexicano. Eso me puso mas arrecho y empecé a mamársela cada vez mas rápido al puertorriqueño. El colombiano.................
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