Gay: El Medico, Algo Inesperado

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Enviado por webmaster el 09 Dic, 2004 - 02:41 PM

Sucedió en febrero de 1996. Soy médico. Tenía 43 años. Generalmente ando lleno de trabajo...

Sucedió en febrero de 1996.
Soy médico. Tenía 43 años. Generalmente ando lleno de trabajo...
Una mañana, cerca del medio día, aproveché que no vino un paciente y me dirigí caminando al Correo que quedaba cerca de mi consultorio y, en el transcurso, un joven me coqueteó descaradamente con la mirada y su sensual sonrisa...
sus carnosos labios generaron en mí una serie de síntomas físicos y emocionales al tiempo que el muchacho pasó rozándome el peludo brazo...
Esto me hizo volver la mirada hacia atrás y él se insinuó una vez más suplicándome con la mirada...
El corazón me latía fuertemente, nunca antes había tenido yo este sentimiento y fuerte deseo "homo" hacia un joven...
me sentí placenteramente confuso... y seguí caminado despacio, tuve que respirar profundamente para darme ánimos y volver la mirada hacia mis espaldas para clavar mis ojos en la mirada de aquél apuesto, tierno y viril muchacho.
No pude más y me quedé ahí, pegado en el piso, mirándolo al tiempo que el corazón iba a explotarme de excitada emoción, sin importarme que tenía ya el bulto durísimo entre mis piernas.
Tengo sangre árabe y la verga es lo más notorio. El joven se acercó a mí apresuradamente y me saludó tal como si se tratara de un viejo camarada.
Correspondí animadamente a su saludo y noté que no dejaba de mirar los abundantes y ya canosos pelos que salían por la parte superior de mi camisa.
Esto me excitó aún más... Intercambiamos datos personales mientras que me acompañaba a recoger mis cartas del Correo.
Luego, pidió acompañarme hasta mi consultorio y acepté.
¡Tenía yo casi una hora y media libre! y me pregunté qué podría pasar allá estando solos y en privado... Esta idea me puso a tope y sentí salir líquido lubricante expulsado desde la glándula de Cowper al exterior, mojándome la ropa interior. Caminamos unas cuadras de conversación trivial, mientras que la "química" mutua crecía más y más...
Le fascinó mi consultorio alfombrado con varios almohadones que utilizo en el piso.
Le pedí quitarse los zapatos, al tiempo que yo lo hacía conmigo.
Nos sentamos frente a frente y, si bien no parábamos de hablar nerviosamente, nos devorábamos mutuamente con las miradas y repentinamente él, coquetamente, preguntó si yo tenía pelos en el pecho. Respondí levantándome la camisa hacia arriba y el muchacho, como si se tratara de un exquisito manjar se vino rápidamente a mí y me acarició suave y sensualmente el peludísimo pectoral... poco a poco fue bajando su caricia hacia mi bajo vientre y, ahogadamente le advertí que más abajo tenía más y muchos pelos que ver y acariciar. Se sintió más seguro y desaseguró mi cinturón... y lentamente, por encima del pantalón me tocó la dura, larga y gruesa verga que sentía ya casi explotar de placer...
El joven estaba casi.................
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