Cazador de sensaciones.

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Enviado por webmaster el 16 Sep, 2004 - 06:35 PM

Una vez que salí del ascensor y me enfrenté a la calle, entré de lleno al espectáculo de la gran ciudad. Mi ciudad…La ciudad de mis tristezas y de mis triunfos.
Es un choque frontal, como siempre, como todos los días.
Un sinnúmero de ruidos se mezclan en la calle: los claxons de los autos, los gritos de los vendedores obligados a sobrevivir a costa de la credulidad de los paseantes, los sonidos altisonantes de los "stereos" que anuncian música, el pito de los vigilantes de tránsito airados y stresados por la osadía de los conductores ,y… arropando el ambiente, dándole un oscuro colorido y un aire irrespirable, el humo de los autobuses, móviles chimeneas repletas de gente malhumorada, airada, agitada, la cual depyon en todas partes, sin previo aviso, sin control atravesando la calle, en las paradas o donde el humor del chofer se digne soltar su humana carga.
Pero creo que antes de seguir con mi ciudad, permítanme presentarme:
Soy un joven en sus medianos veintes, ansioso, ilusionado, ávido y absolutamente receptivo con todas las experiencias diferentes de la vida.
Parezco mucho menor, debido a mi tez clara y ausencia de barba y bigote, amén de cierto color sonrosado que campea en mis mejillas muy de vez en cuando…
Visto chaqueta de paño, camisa blanca de puños y cuello impecables a esta hora ( no lo estarán en la tarde), corbata corta , pantalón planchado con raya por el frente (tampoco estará así al acostarme), zapatos lustrados y brillantes que tal vez resistan la jornada sin mancharse y un detalle que delata mi oficio en la mano derecha: un maletín ejecutivo.
No, no soy un ejecutivo…quisiera serlo, en realidad…para mis adentros me autodesigno coordinador de correspondencia, pero en mi sobre de pago aparece quincenalmente una cifra ridícula y un cargo despectivo: mensajero.
Eso soy, mensajero de una firma importante Inmobiliaria, me encargo de depyor a los clientes el producto de sus propiedades , de llevar y traer toda clase de correspondencia y cada minuto de mi tiempo está cuidadosamente calculado.
Debo ser un malabarista, un ciclón, un genio conociendo calles, atajos y rutas de autobús…y lo soy.
Conozco mi ciudad…palmo a palmo y no es poco.Es una gran ciudad. Admiro sus avenidas enormes, amplias, sus modernos barrios residenciales a los que a veces he recorrido palmo a palmo, durante horas, buscando una dirección con mi bolsillo y estómago vacíos mientras el lujo de sus mansiones me golpea el inconsciente y me hace sentir el maletín pesado, enorme, intransportable.
Y conozco sus peores calles, donde la basura esconde despojos humanos, donde en los portales de sus sucias casas se ofrecen las meretrices viejas, maquilladas, patéticas , donde en el interior de las pensiones conviven el tahúr callejero con el ladrón que roba y corre, donde el incauto cliente se despierta drogado, desnudo, y arruinado, donde he sido atraído por transformistas, putas y maricos con ofertas increíbles…
Soy un espectador constante en el espectáculo de mi gran ciudad, y.................
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