Doncella: La doncella y la señora

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Enviado por webmaster el 04 Nov, 2004 - 03:20 PM

Llegó muy cansada. Jazmín vio que Tencha no estaba en la cocina Tencha era la sirvienta; una mujer de unos treinta y cinco años, esbelta, un tanto fea pero simpática, de un moreno costeño totalmente mórbido y un cuerpo bien formado, sobre todo tetas y nalgas, atractivas para los hombres, tal vez también para las mujeres. Se sirvió un vaso de agua y luego, con calma, la fue tomando. Pensaba en los altibajos que había tenido durante el desayuno de trabajo. Y también, casi sin proponérselo, revivió el altercado de la noche anterior con su marido: ella tenía enorme deseo de ser acariciada, él de dormir. La discusión en voz muy alta fue cancelada por abandono de José que puso la cabeza bajo la almohada para no decir ni escuchar nada. En realidad José no quería sufrir de nuevo la experiencia de no poder llegar a la erección; no se lo explicaba, pero su libido había desaparecido, aunque, por otro lado, le inquietaba que se excitaba sexualmente cuando veía a los jóvenes que laboraban a su lado en la compañía. Jazmín, furiosa, se fue a otra recámara. La ira de Jazmín regresaba en ese instante de la evocación. Sin embargo, se dijo que no soportaría más esa situación y que iba a satisfacer su fogosidad erótica, que ya era demasiada, de alguna manera. Tenía calor. Se fue a su recámara. Encendió el televisor. Sentada en cómodo sillón, no veía ni escuchaba lo que sucedía en el aparato. Se quitó con enfado los zapatos, luego empezó a desabotonarse la blusa. Estaba en parálisis mental. No pensaba ni sentía nada. Sus movimientos eran automáticos, sin reflexión. Se sorprendió por un ruido no esperado en el casi sepulcral silencio de la casa. Entonces se percató de la ausencia de audio en el televisor. Sonrió pensando en la tontería de ensimismarse por algo que al fin y al cabo, tenía solución. El ruido venía del baño. Aguzó el oído; identificó el ruido: era la regadera. ¿Dejé abierta la llave?, se preguntó sabiendo de antemano que eso no había pasado. Al levantarse, la blusa se abrió dejando casi al aire sus hermosos senos. Llegó al baño. Abrir la puerta y chocar con una densa nube de vapor, la hizo sorprenderse aún más. Dio un paso adentro. A través del cristal del cubículo de la regadera se podía ver el perfil de un cuerpo femenino que no se podía identificar. ¿Quién está ahí?, preguntó un tanto recelosa. La casi sombra detrás del cristal, hizo movimientos que comparó con el sobresalto. No hubo respuesta. Repitiendo la pregunta, hizo que sus pasos la acercaran al cubículo cerrado. Entonces, una lucecita se prendió en su cerebro; debía ser la muchacha que apenas unos días antes vino del pueblo para ayudarle en las tareas domésticas. No obstante su molestia porque la niña usaba su baño, sonrió. Abrió la puerta de cristal. "¿Qué haces...?", dijo, sin poder continuar con la que tenía pensado decir. El cuerpo juvenil desnudo, moreno, esplendoroso,.................
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