Y la jaló ya desnuda. La abrazó con ternura, le acarició la espalda y luego las nalgas, pero con suavidad, haciéndola sentir las yemas de sus dedos.
Como que la experiencia tenida le daba una cierta intuición para acariciar. Luego metió uno de los dedos entre las nalgas y buscó, para su propia sorpresa, el culito de la mujer. Lo encontró y Tencha hasta se retorcía de placer, y decía a cada piquete del dedo, "así mi niña, así, mételo si es que puedes". Y Lucía hizo intentos, pero su dedo tenía, en esa posición, poco alcance. Por eso, siguió acariciando las nalgas y con la otra mano volteó el rostro de la mujer y la besó, repitiendo la intensidad de los besos dados y recibidos con la patrona. Tencha estaba fuera de sí. Además de sorprendida. Pensó que la muchacha ya tenía experiencia, y acertaba, pero cuando le preguntó, Lucía lo negó rotundamente:
- Lo que pasa es que... pos como tú dijiste, pa qué queremos a los viejos, y como yo sé que los viejos besan a las viejas, pos.... por eso yo te beso - Y luego empezó a mamarle las chichis sin dejar de acariciarle las nalgas y ya con el enorme deseo de meterle los dedos en el culo. Y Tencha movió sus manos para acariciarla en la pucha, metió los dedos y recordó dónde había que presionar y acariciar. Entonces le quitó casi a la fuerza el vestido. La cargó para depyorla con suavidad en la cama. Sin esperar más, metió su cabeza entre los muslos de Lucía y empezó a mamarle la pucha. Lucía se sorprendió, pero de inmediato sintió el placer, mucho muy superior al que le produjeron durante la mañana, los dedos de la patrona y los suyos propios. No tardó en gritar el orgasmo. Lo hizo sin miedo, sin tener ya ninguna prevención. Tencha, complacida, fue a besarla. Entonces Lucía supo a lo que sabía su puchita a esa hora de la tarde y después de andar escurriendo durante todo el día pues las dos, en cuanto tenían oportunidad, se tocaban las chichis, o las nalgas, e incluso llegaron a meterse los dedos en las puchas respectivas. Y quiso a su vez saber el sabor de la pucha de la matrona. Y se dio la vuelta para quedar entre los muslos de la mayor. Tencha, complacida, siguió mamando, e intensificó sus propias lamidas. Lucía sintió renacer el deseo de meter los dedos en la pucha de la matrona, lo hizo con mucho placer, pero ella lo que realmente quería experimentar era meter los dedos en el culo de la morena esplendorosa. Y buscó el culo. Y lo encontró. Tencha, primero, tal vez sorprendida, puso algo de resistencia, pero después aflojó el culo y los dedos de la muchacha pudieron entrar, primero uno, luego dos y al terminar era casi tres dedos los que estaban metidos casi hasta los nudillos. Y Tencha recordó a la hermana que le.................
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