Nora: Nora (I)

relatos / Relatos eroticos
Enviado por webmaster el 10 Nov, 2004 - 05:02 PM

Nunca pensé que fuera a poner por escrito experiencias sexuales mías. Pero me apetece recordar y, además, seguro que me excito.

Tengo 40 años, una buena posición económica, un trabajo vocacional
agradable y estoy felizmente casado desde hace tres años con Charo, una
mujer maravillosa, a la que quiero y con la que además me entiendo muy
bien desde un punto de vista sexual, lo que para mí es tremendamente importante.
Sin embargo mi cerebro y mi sexo llevan años recordando a Nora.
Fué una compañera de trabajo de la que probablemente me encapriché
sexualmente (¿me enamoré?) desde que la ví por vez primera.
Pequeña, rubia y redonda, muy redondita. No despierta pasiones por donde
pasa, ni te la levanta simplemente por el hecho de fijarte en su cuerpo, pero
para mí fué el máximo posible, lo más deseado, la
realización de fantasías íntimas y un recuerdo sexual de
los más calientes y placenteros que tengo.
Sólo dos veces en los más de diez años que estuvimos trabajando
juntos mantuvimos una relación sexual. Ha pasado el tiempo pero lo recuerdo
a menudo, me excito con ello e incluso mis juegos sexuales habituales y mis
fantasías y ensoñaciones suelen repetir lo que con ella realicé.
No creo estar minusvalorando a otras mujeres con las que he tenido y tengo sexo
pero a partir de Nora mi vida sexual cambió. Lo que aquí escribo
es reflejo de ello.
Entré una noche de viernes en el bar que hay en la esquina de la calle
en la que está el periódico en el que trabajamos. Una discusión
con mi jefe, el cansancio de toda la semana, la moral un poco baja, la que entonces
era mi novia fuera de Madrid durante varios días, ... y sin ganas para
hacer nada de nada salvo tomar un par de copas mientras comento la próxima
jornada futbolística con el camarero.
En una de las mesas está Nora con una de las secretarias, Elisa.
Me saludan y siguen con su charla y sus risas.
Después de mi segundo gintonic y tras entretenerme con la charla futbolera
del camarero y otro de los clientes habituales estaba pensando ya en recogerme,
cuando recibo una palmadita en la espalda al mismo tiempo que me dicen: "Luis,
que solito estás, anda que con lo serio que te pones en la oficina no
hay quien trate contigo en plan amiguete. Ven a invitarnos a una copa que mañana
no hay curro".
La frase de Elisa y la risa de Nora me animan a sentarme a su.................
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