Se nos hizo eterno el viaje (dos aviones, un autobús, un landrover y mogollón de horas) hasta una pequeña ciudad mauritana de nombre impronunciable que significa en lengua tuareg algo así como "los azules ojos del camello blanco" y cuyo mayor mérito conocido durante siglos es haber sido sede de una guarnición de la legión extranjera francesa y disponer a menos de un quilómetro de una maravillosa cascada y piscinas naturales de agua clara y cristalina a dónde nadie va nunca.
Consuelo y Jericó estaban instaladas a la manera colonialista tradicional:
bungalow grande y moderno rodeado de jardines salvajes, criados en abundancia,
no demasiado trabajo, gran predicamento entre las autoridades locales y dos niños
que parecen sacados de un anuncio de la familia perfecta. Así se puede
uno ir al desierto a mayor gloria de una ONG.
Ví a Consuelo feliz, tranquila, contenta con su trabajo (una especie
de escuela elemental de higiene); querida por Jericó (médica peruana
de marcados rasgos andinos y carácter callado y seco) y encantada con
los pequeños sobrinos de ésta. El hospital instalado por Médicos
sin Fronteras empezaba a funcionar ya con el personal nativo y nos dedicaron
a Charo y a mí su tiempo, atención, amabilidad y aprecio.
Poco se podía hacer salvo pasear, charlar, dedicar unas horas al día
a dormir para combatir el calor sofocante, fumar excelente hachís y disfrutar
del agua en las piscinas de la cascada. El té con menta convenientemente
cargado con ron cubano no provoca grandes borracheras cuando sudas constantemente,
pero sí un puntito que a la hora de la siesta excita más que otra
cosa. Charo y yo seguíamos intentando profundizar en conocernos dando
especial prioridad al sexo. Jamás pensé que iba a follar todas
las tardes en una fabulosa piscina natural situada en el desierto sin más
testigos que algunos pajarillos.
Después de llevar allí una semana, una noche después de
cenar (Charo: "me voy a la cama. Tengo problemas con la regla, me duele.
Estoy molesta y un poco mareada. Hasta mañana". Jericó: "
buenas noches, mañana tengo que madrugar") Consuelo y yo nos pasamos
con el ron mientras intentamos llevar una conversación coherente. "Sabes,
me alegra mucho que esteís juntos mi prima y tu. Creo que sois tal para
cual y no podrás quejarte, es la mujer más guapa que jamás
tendrás. Hasta a Jericó le hace tilín"
"Es una persona fabulosa, creo que me he enamorado. Voy a intentar que
sigamos siempre juntos. Y llevas razón, es preciosa"
"¡Qué fuerte!. ¿Os casareís?, ¿querreís
hijos?."
"No dejo de pensarlo y si.................
Este relato es solo visible para usuarios registrados
Si deseas poder acceder a todos nuestros relatos eroticos, y al 100% del contenido de la pagina, pulsa
Aqui para registrarte o loguearte
|