Orgía, infidelidad consentida, voyerismo. Observando como su esposa disfrutaba con otros hombres Carolina salió de la piscina y se la estaba mamando a Camilo, quien tenía
una verga descomunal, la verdad medía erecta como 25 centímetros, nadie se
había imaginado que este muchacho joven guardaba esa tremenda herramienta
entre sus piernas, pero bueno, todos nos quedamos empalmados, yo, por
supuesto desde mi escondite, Carolina le comenzó a mordisquear suavemente el
glande y le recorría todo el falo con su lengua, el cerraba los ojos, la
verdad es que estaba como en éxtasis. Yo por mi parte me estaba masturbando
en la habitación, viendo lo que ocurría afuera, en la piscina.
Juan Carlos y Germán le acercaron sus respectivos penes, también grandes, y
se los pusieron en la boca, y ella se los comenzó a mamar por turnos, yo
hice algunos ruidos, como indicando que ya volvía para la piscina, lo que
provocó que ellos se lanzaran rápidamente a la piscina y que mi esposa, que
debía disimular un poco, se pusiera la tanguita diminuta como si no pasara
nada. Yo llegué haciéndome el guevón, ellos me miraban con los ojos en el
culo... tenían una mezcla de vergüenza y satisfacción por creer que me
estaban cuerniando con mi mujer y además burla, pues pensaban que mi mujer
era lo más puto que había y yo no lo sabía.
Yo les pregunté que como les había ido en el juego... ellos me dijeron que
muy divertido, que habían perdido la ropa... reímos al verlos desnudos y les
dije que la comida ya estaba servida, me encantaba verles la cara de lujuria
cuando mi mujer se paró dejando a su vista ese culito hermoso, cubierto por
nada, vestida solamente con la tanguita y sin importarle que pudieran verla,
ellos se la querían comer y yo en el fondo quería que se la gozaran, entre
todos o cada uno, no me importaba.
Serví la comida, y senté a Carolina entre Juan Carlos y Camilo, quienes
dejaron por debajo de la mesa sus manos, ya me imaginaba yo que le estarían
metiendo los dedos en sus agujeritos, pues ella estaba un poquitín
distraída. Terminamos de comer y yo invité a Carolina para que saliera
conmigo a dar un paseo por el condominio, esperando que ella no aceptara,
como en efecto no aceptó. Yo dije, bueno, me iré a fumar un cigarrillo y a
bajar la comida... ella me dijo que tenía ganas de dormir.... ya sabía yo
que de lo que tenía ganas era de tirar.
Una vez yo me fui, me escondí de suerte que pudiera ver hacia que lado de la
casa se.................
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