Los asientos de su coche se amoldaban perfectamente a mi cuerpo, iba recostada mirando al frente. Pedro y yo teníamos una importante comida de trabajo. Nos esperaban sobre las dos y media en in lujoso restaurante de Madrid. Teníamos el tiempo justo para llegar, pero la entrada de Madrid estaba algo colapsada por el tráfico. Pedro era un ejecutivo envidiable, tanto por sus dotes intelectuales como por su atractivo físico. A sus cuarenta y pico era un hombre guapo, rubio, pelo corto ondulado, ojos azules, labios carnosos y con un cuerpazo de vértigo; medía 1.75 y era delgado pero musculoso. Yo, una jovencita que recién empezaba a trabajar, ansiosa por vivir, los hombres me encontraban muy atractiva, 1.64 de estatura, delgada, pelo largo moreno, ojos negros, de nariz chata, boca de piñón y labios carnosos. Mi pecho era normal, talla 90 y por suerte compraba pantalones de la 38.
Pedro y yo llevábamos 3 meses trabajando juntos en la empresa. Era casado, pero desde el primer día que le vi me sentí muy atraída por él. Dos semanas después de conocerle me descubrí a mi misma pensando en él cuando me masturbaba por las noches, pero mi gran duda era si él sentía la misma atracción por mi...
Aquel día hacía calor, era el mes de agosto. Levábamos las ventanillas bajadas y mi largo cabello se movía con él aire ,llegando en ocasiones a taparme la cara. Yo llevaba un vestido por la rodilla de color rojo y unos zapatos de tacón de aguja del mismo color. Él vestía el típico traje de ejecutivo, pero sin chaqueta. Le miré durante largo rato mientras conducía, paramos en un semáforo y me devolvió la mirada. Me quedé helada, un escalofrío recorrió mi cuerpo, nunca antes me había mirado así. Puso la mano sobre mi pierna derecha, estaba ardiendo, mi respiración comenzaba a acelerarse progresivamente, me acarició, entonces yo tomé su mano y me introduje con suavidad el dedo índice de Pedro. Jadeó y echó el cuello hacia atrás. El coche se puso en marcha. Yo lamía su dedo, haciendo círculos en su yema...me di cuenta de que su pene escondido debajo del pantalón estaba erecto. Solté su mano.
En el siguiente semáforo volvió a mirarme, metió su mano lentamente por debajo de mi falda, me acarició por encima de las braguitas pero después las echó a un lado y su dedo se introdujo en mi vagina, la cual estaba muy lubricada por mi excitación. Sentía que me moría de gusto, mi mano fue directamente a su pene, lo acaricié por encima del pantalón durante un rato. Casi sin darme cuenta estábamos delante del restaurante. Nos miramos y salimos los dos del coche.
La comida se me hizo eterna, pero muy agradable. Pedro estaba sentado a mi lado. Mientras los demás comían y hablaban metió su mano entre mis piernas. Al principio puse resistencia, pero sucumbí a su mano experta. Me metió primero un dedo, luego fueron.................
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