LA PAISAJISTA: LA PAISAJISTA

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Enviado por webmaster el 26 Oct, 2004 - 04:36 PM

Me llamo Olmi, vivo en Puerto Montt, Chile. Conocí a Sabrina, mientras yo trabajaba en una editorial y ella prestaba asesoría en su calidad de paisajista a un libro sobre botánica. Nuestros primeros encuentros fueron absolutamente profesionales, aunque confieso que su prominente busto, me llamó la atención la primera vez que la vi. Y no es para menos, sus turgentes senos, alrededor de 100 cms. eran motivo suficiente para contemplar a esta hembra cada vez que aparecía por la oficina.
Para ser justo, a sus 27 años, Sabrina era una mujer tremendamente atractiva. Melena castaño claro, ojos miel y respingado trasero eran poderosos atributos, los que sumados a su avasalladora personalidad, no dejaban indiferente a nadie.
Recuerdo que una noche me llamó muy angustiada al trabajo pidiendo que nos encontráramos en un café cercano a la editorial. Este hecho me llamó la atención porque ella es casada y tiene dos hijas pequeñas, por lo que hasta entonces era imposible concertar citas de trabajo más tarde de las 7 PM.
Con ojos que evidenciaban su reciente llanto y entre inevitable sollozos, me contó que había descubierto que su esposo la estaba engañando. Lo curioso es que nunca habíamos hablado de temas personales e íntimos. Nuestras escasas conversaciones no pasaban de nombres científicos de flores y plantas y alguna trivialidad. Por ello me resultó sospechoso que acudiera a mí para confesar su drama.
Entre café y algunas cervezas me enteré de gran parte de su vida, donde lo que más me llamó la atención es que estuvo separada de su esposo por más de un año y que apenas habían transcurridos 4 meses desde su reconciliación.
Ella mientras estuvo separada, tuvo un par de relaciones esporádicas, nada de importancia por lo que me contaba, por lo cual no quise darle ninguna connotación a este encuentro. Aunque supuse que con algo de alcohol en el cuerpo podría haber intentado algo con ella.

Este hecho me quedó dando vuelta por la mente un par de días. Y en mi interior crecía la fantasía de poseer ese delicioso par de seno y el redondo culo de Sabrina



. Esto fue estimulado porque en las sucesivas reuniones de trabajo ella aparecía con ropa cada vez más sexy y sugerente. Ahora de escotes pronunciados y pantalones muy ceñidos, su presencia embobaba a todos mis compañeros de oficina.
A tal punto llegaron las cosas que no resistí convidarla, so pretexto de revisar unos originales del libro, fuera de la oficina para tener más tranquilidad, que en la vorágine de la oficina.
Aunque soy casado, he tenido unas cuantas aventuras, ninguna seria. Sin ser presumido, no estoy nada de mal a mis 36 años, por eso en esta cita me propuse insinuarme a esta mujer. Y no fue difícil, porque ella misma al volante me condujo a un sitio con vista al mar, fuera de la ciudad. Estacionó su automóvil en un camino poco transitado y comenzamos a hablar de lo que.................
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