PAisajista: LA PAISAJISTA 3ª Parte

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Enviado por webmaster el 26 Oct, 2004 - 04:39 PM

El reloj de la oficina marcaba las 19:30 hrs. Estaba frente al computador y en la pantalla de mi celular parpadeaba el número y el nombre de Sabrina.
¿A que hora terminas de trabajar? preguntó luego de saludarme brevemente.

- Estaba por irme. Respondí dubitativamente.

- Te paso a buscar en 10 minutos. Sonó como amenaza y cortó el teléfono.

La esperé en la esquina del edificio donde queda la editorial. Al poco rato, apareció el automóvil amarillo de mi atractiva amante.

Ella misma abrió la puerta invitándome a subir.

- Apura. Que no nos vean juntos a esta hora. Pedía. Esquivó su boca, cuando al saludarla quise besar su boca carmesí.

- Hey... disimula. No ves que nos puede ver alguien. Se quejó Sabrina.

Con una nueva excusa, pudo salir de su casa, diciéndole a su marido que la entrevistarían por lo del libro de botánica que preparábamos y que además le harían una sesión de fotos para la portada.
Para hacer más convincente su salida, me contó que traía en el portamaletas vestidos, zapatos y accesorios para la supuesta sesión.

- Incluso traigo un baby doll... Sonrió, sin asomo de vergüenza.

- Bueno. No se hable más y vamos a un lugar donde terminar lo que tenemos pendiente. Comentó Sabrina.

- De eso me encargo yo. Respondí. Y nos dirigimos a un motel para dar rienda a suelta a la pasión que quemaba como brasa viva y consumía nuestra infiel humanidad.

El lugar escogido era perfecto. Nos bebimos los tragos, cortesía de la casa, sorbo a sorbo. Dueños del tiempo. Avidos de sexo. Sabrina se fumó unos cigarrillos con la pausa que da la experiencia. Avivando el deseo. Esperando la sesión de sexo postergado.
Luego del brindis de rigor, sellamos ese pacto de secreta lujuria con un largo y suave beso. Acaricié su pelo salvaje y fui por esos anhelados senos que reclamaban caricias. Sus manos, en tanto, recorrían mi espalda y sus dedos apretaban delicadamente mi carne.
Nuestras miradas lascivas se cruzaron comprendiendo que la proximidad de la cama nos aguardaba.
Tomándome de la corbata me llevó hasta el lecho recubierto putamente de rojo. Se sentó en el borde mientras sus manos recorrían mi trasero. Apretaba salvajemente y frotaba su cara cerca de mi paquete.
Trataba de controlar sus movimientos temblorosos tomando su desordenado cabello. Ella se negaba casi sin control.
Sus manos presurosas buscaron la carne ardiente de mi endurecido sexo. Poco le costó descubrir la zunga negra que me tapaba. Más de la mitad de mi miembro asomaba desafiante entre mis ropas. Hambrienta de sexo se engulló de un solo movimiento el glande, que asemejeba una ciruela. Azuloso. Brillante. Viril.

- Sigue, sigue. Qué riiiicooooooo. Apenas murmuré.

Su lengua experta saboreaba como el mejor de los manjares ese pedazo de carne que le llenaba la boca y rozaba su paladar.
Qué gran placer me provocaba Sabrina con el mete.................
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